La afición animó incondicionalmente al equipo durante los noventa minutos a pesar del frío y la lluvia
19 ene 2015 . Actualizado a las 09:44 h.Riazor volvió a ser un campo de fútbol en el que la afición está unida, solo se habla de fútbol y se anima al Deportivo durante los noventa minutos que dura el partido. Cuatro partidos después, el feudo herculino recuperó la normalidad para recibir a un Barcelona enfrió el partido desde el primer momento dejando pocas alegrías para que la grada pudiera erigirse en el futbolista número 12.
Pero ni eso, ni el frío reinante impidió que los incondicionales dejaran de animar durante los noventa minutos, incluso las 25.000 almas que ayer se dieron cita en el estadio coincidieron a la hora de premiar las subidas de Sidnei coreando su nombre al unísono. No se escuchaba tal clamor desde que debutó Lucas el pasado mes de octubre frente al Valencia.
Precisamente el de Monelos fue, como era de esperar, al más aplaudido cuando en el minuto 33 de la segunda parte, y pese a que el resultado era imposible de igualar, saltó al césped del campo herculino. La hinchada tiene ganas de ver a uno que considera muy suyo triunfar y no perdió oportunidad de demostrárselo.
Porque ayer no era día de reproches, ni de silbidos ni de cabreos. Ayer fue una jornada de reencuentro, de paz y de defender a un Deportivo que trata de mantenerse un año más en Primera División.
Una pancarta en Preferencia sirvió durante la primera parte para que la peña Djalminna, que preside el máximo responsable de la federación de peñas, mostrara su apoyo a su compañero: «Sen siareiros non hai fútbol. Todos con Miguel Otero», reflejaba el escrito con motivo de la sanción de 22.000 euros y 18 meses sin entrar en un recinto deportivo que pide para él Antiviolencia por haber vendido las entradas del Atlético de Madrid a los Riazor Blues. Fue la única nota ajena a lo puramente deportivo que ofreció un Riazor que demostró que tiene ganas de fútbol, de triunfos y de De-por-ti-vo.