Cavaleiro, autor del tanto crucial ante el Athletic, vivió una infancia complicada y quiso dejar el fútbol
07 ene 2015 . Actualizado a las 15:00 h.«Decidí que el fútbol me daba lo mismo. Que no iba a jugar más y me iba a dedicar a la buena vida». El decisivo gol de Cavaleiro frente al Athletic tiene detrás una larga historia. La de este joven portugués que estuvo a punto de retirarse mucho antes de empezar. Que fue tan pobre que no tenía dinero ni para llegar al campo de entrenamiento. Y al que mentores de todo tipo guiaron hasta tomar el camino que pasa por Riazor.
«¿Iván? Iván era y es un muchacho increíble. Buenísimo en el campo y genial fuera de él. Cuando coge confianza, claro, porque no hay nadie más tímido que Iván». Bien lo sabe Tiago Silva, la estrella de Os Belenenses, que siguió los pasos de su compatriota desde que coincidieron en infantiles en el Benfica. Ahora comparten habitación en las concentraciones de la sub21 portuguesa y a veces hablan de cómo les ha cambiado la vida.
La de Cavaleiro ha estado llena de giros. Tantos que ha acabado jugando de ariete, pese a que de crío era portero en el Patuscos. En cuanto se acercó a la meta contraria comenzó a destacar. «Siempre era el mejor, todos queríamos tenerlo en nuestro equipo, aunque le costaba soltar la pelota. A los ocho años ya jugaba con los mayores, porque con nosotros se aburría», recuerda Rubén Varela, un amigo de la infancia que de vez en cuando se deja caer por A Coruña para ver (y ganar al FIFA) a su colega.
Iván pasó por el Vialonga y el Alverca, y vivió un par de años en Londres con su padre antes de llegar al Benfica. Cuando cumplió los 15 se fue con un vecino a hacer una prueba para Os Belenenses. No tuvo su mejor día, pero aún así el míster decidió darle otra oportunidad. Fue la primera vez en la que Romeu Antonio Soares confió a ciegas en el chico de Vila Franca de Xira. El chaval se lo pagó regresando al Benfica sin avisar. Así que cuando el equipo cadete de las Águilas se enfrentó al de Os Belenenses hubo más que palabras entre el jugador de los encarnados y el técnico de los de Belem.
Sin dinero para ir a entrenar
Unos meses más tarde la historia dio otro vuelco. Lo explica el propio futbolista: «En mi casa éramos muy pobres y a veces no tenía dinero ni para ir a entrenar. El club me lo daba, claro, pero nos lo pagaban a final de mes y nosotros teníamos que adelantarlo. Durante dos semanas no pude pagarme el viaje y cuando volví me dijeron que ya no me querían».
Entonces fue cuando el delantero decidió que lo suyo no era el fútbol, sino salir de fiesta con los amigos y estuvo a una conversación de tirar la toalla. La charla se la dio un amigo de su tío. Un tal Joao Pinto que de joven había jugado en el Casa Pía y que le pidió que se pensase mucho la decisión, porque algún día se iba a arrepentir.
Quizá el discurso no habría dado frutos de no haber venido acompañado por la reaparición de Romeu. El entrenador acogió de nuevo a Cavaleiro en Os Belenenses -«Él ya había pasado por el fútbol profesional, fue un jugador muy importante, así que me metió en cintura y me mostró el camino», reconoce ahora el delantero-. Inevitablemente Iván volvió a medirse al Benfica. Y el ex de los encarnados les marcó el gol que deparó su única derrota de aquella temporada en fase regular. Entonces, los del estadio Da Luz le comunicaron al club de Belem que querían de vuelta al jugador, aunque esa información nunca le llegó al chico. Sí recibió en cambio una oferta de renovación, que él optó por rechazar tras ponerse en manos de un agente.
Con el representante contactaron los dos equipos más importantes de Lisboa, aunque las águilas hicieron valer su derecho de tanteo. Cavaleiro regresó al Benfica y en su segundo año como juvenil, a las órdenes de Tralhao, firmó contrato profesional.
Y siguió la historia, con más secundarios de lujo. Porque Iván dio el salto al filial y varios equipos de la primera lusa pidieron su cesión. A él le tentaba jugar en la máxima categoría y ya estaba decidido a hacerlo cuando el técnico del B lo cogió por banda. «Tú no te vas»; así de claro se lo puso Helder Cristovao. El excentral del Deportivo, que sigue a cargo del segundo equipo de los lisboetas, convenció también al presidente de la entidad para retener a la joven estrella. El club no le permite hablar ahora sobre su pupilo; y lo mismo ocurre con Romeu, actual técnico auxiliar de la selección sub21. Ambos quisieron dejar clara, eso sí, su alegría por el gran momento que atraviesa Cavaleiro.
Porque el desenlace de este relato viene con oportuno final feliz. «Para el filial marqué ocho goles en diez partidos y Jorge Jesús me llevó con el primer equipo. Fue otro entrenador importantísimo para mí. ¡Con él gané tres títulos en una temporada!», festeja Iván. Y se ríe. Como el sábado en Riazor.