Un paso adelante, dos atrás

José M. Fernández PUNTO Y COMA

TORRE DE MARATHÓN

Así es la Liga del Dépor. Un paso adelante y dos atrás, un remedo de baile que le amarga las vacaciones y lo deja al borde de las posiciones de descenso. El Dépor no arranca, a cada síntoma de recuperación le suceden episodios como el de ayer en El Madrigal, donde, además de no competir, volvió a ofrecer síntomas de ausencia, algo que, en realidad, se ha repetido en demasiadas ocasiones desde el inicio de la temporada. Y eso es lo realmente preocupante: después de dieciséis jornadas y una eliminatoria de Copa, no ha encontrado una identidad propia y carece de un estilo con que afrontar una permanencia que nadie podía pensar que sería sencilla. Riazor no sabe qué equipo se encontrará cada semana, si aquel capaz de plantar cara a un Valencia en racha o el que deambuló ayer por Villarreal.

Lo cierto es que a estas alturas no es fácil adivinar si el problema está en el campo o en el banquillo; en la errática pretemporada, en las prolongadas ausencias de jugadores llamados a marcar diferencias o, incluso, en un entorno cada vez más complicado. Probablemente, una mezcla de todo. Una suerte de catarsis que parece empujar al abismo, aunque la memoria, quebradiza, olvida que solo dos años atrás estaba en el mismo sitio.

Después de lo sucedido en el último año, estar fuera del descenso no es tan mal negocio si se acierta con el diagnóstico y se resuelve la difícil ecuación de cuadrar los números y jugar al fútbol. Mantener la calma es tan saludable y necesario como poner las condiciones para alejarse del abismo, sobre todo cuando poner solución a corto plazo a tanto frente abierto es una utopía.