Haciendo caso al médico, cuando aconseja dejar a un lado los problemas que uno no tiene claro, lo más indicado para resolverlos es colocarse al margen y aceptar la ayuda de otros. Pero dejemos fuera los de la salud entrando de lleno en el mundo del fútbol, seguro que no faltarán voluntarios prometiendo recuperar la normalidad. Creo que el ejemplo, si no igual sí que resulta muy parecido al caso que lleva al Deportivo a una situación desconcertante, sin rápida solución, obligando a los responsables del club a sobreponerse por muy abatidos que se sientan debido a la situación.
Queda una parcela para los futbolistas a los que corresponde recuperar para el equipo alguno de los puestos perdidos últimamente. Por cierto, cuando se le pregunta al jugador que opina sobre el futuro suele contestar: «Ganaremos el próximo partido», respuesta que al ser oída significa siempre un alivio para el seguidor. Y si no se gana ese próximo partido, volveremos a escuchar la misma promesa en vísperas del siguiente encuentro. Y es que los futbolistas son como niños grandes que prometen cumplir el deseo que se les pide, ganar. Cuando se cumple aquella promesa, los jugadores son los primeros en celebrarlo, en el mismo terreno antes de retirarse a los vestuarios.
El papel del directivo es parecido, a la vez que diferente, porque si el equipo no gana, se sentirá agobiado pensando qué hacer para que se registre esa recuperación indispensable que es la de ganar. No queda otra, más que ganar el lunes al Elche. Conseguirlo significará mantener vivos motivos creyendo que el Deportivo entra por el buen camino.