El triunfo (2-1) de la Real Sociedad frente al Atlético de Madrid sorprendió a la afición en general excepto, claro está, a sus incondicionales seguidores, quienes en la noche del domingo celebraron la inesperada victoria. Por aquí, ayer lunes, surgía la primera preocupación puesto que la Real será el visitante próximo de Riazor, allá para el día 22. No es igual verse frente al rival que resurge, que enfrentarse a otro incapaz de corregir su torcida marcha. Como ejemplo de lo que se dice, el Córdoba, equipo que causó una malísima impresión, mientras la Real se mostró como aquel equipo de siempre, que recordarán muchos de los veteranos aficionados coruñeses en dramáticos partidos jugados en el viejo Riazor con Benito Díaz en el banquillo visitante; después en el estadio, en donde ahora nos viene al recuerdo un empate a cuatro goles (4-4) después de estar ganando los coruñeses 4-1 al finalizar el primer tiempo. Es obligado aclarar que Acuña, entonces ya renqueante de su hombro derecho, no pudo jugar y lo sustituyó Pita quien, finalizado el partido culparía al viento de los tres goles que le marcaron. Es cierto que en aquella tarde de febrero de 1950 el fuerte viento impidió jugar con normalidad, pero no tanto como para librarse de culpas.
Situándonos en el momento actual, advertir de que esta no es la Real Sociedad de hace un mes, pues anteanoche ganó al equipo madrileño porque jugó con rapidez y haciendo gala de un coraje admirable en sus hombres, cualidades que le valieron para desprenderse del farolillo rojo. Insistir en esto con propósito de reforzar el ánimo deportivista dada la importancia de frenar al equipo donostiarra en su próxima visita a Riazor.