El Dépor disfruta al nuevo Fabricio

Obseso del entrenamiento y la alimentación, la vuelta a A Coruña descubre un futbolista al alza


a coruña / la voz

Desde que regresó, Fabricio (nacido el fin de año de 1987 en Vecindario, Gran Canaria) insiste en que ha cambiado mucho respecto a su primera etapa en el Deportivo. Se refiere a que ha dejado atrás la vida (definida por él mismo como alocada en una entrevista reciente a La Voz) que le acompañaba entonces, cuando debutó en Primera tras la agresión de Munúa a Aouate. E incide en dos aspectos, el descanso y la alimentación. «Cuando eres más joven necesitas vivir y salía más, no respetaba la alimentación, comía cualquier cosa y ahora me he vuelto más... no maniático, pero sí algo obsesivo de comer muy bien, de cuidarme al máximo, de respetar las horas de descanso y a un futbolista le alarga su carrera deportiva y lo agradece su cuerpo».

Cuenta Fabricio que no se permite ningún lujo -«ni dulces ni helados», dice- y sigue así los ejemplos de Munitis y Marchena. Recuerda que el menudo exfutbolista, del que aseguran que acudía a las comidas con una báscula en la que pesaba todo aquello que ingería, le introdujo en el interés por la alimentación: «Un día en la concentración de Isla Canela (verano del 2006, con Caparrós en el banquillo) me dijo: 'Siéntate aquí conmigo'. Y el año pasado Carlos Marchena, una gran persona y un gran compañero, estaba estudiando un curso de dietética y nutrición, y me dejó los libros y a partir de ahí vi lo importante que era saber alimentarse. También me llevó a comer un pan especial, cierta leche, no cualquiera, sino de soja, los cereales de tal tipo, el arroz integral, la pasta igual, así que me he vuelto un poco obsesivo al comer».

El exdeportivista Jesús Vázquez, con quien Fabricio coincidió en el Recreativo, recuerda que en aquella etapa no se concentraban en la previa de los partidos en casa, así que ambos comían juntos en casa del propio Jesús. «También venía Fidel Chaves, el que está ahora en el Córdoba, y nos sentábamos aquí con mi mujer y mis hijos y le gustaba cuidarse mucho y comer bien, pero es que aquí, como en Galicia, también tenemos muy buenos productos», explica el jugador de Santa Olalla del Cala, en la comarca de Jabugo.

Pero Fabricio no ha cambiado en sus ganas de entrenar, una faceta por la que llamó la atención desde su llegada como prometedor juvenil. «Hablaba con los fisioterapeutas de él y me contaban que solo quería entrenar y entrenar, que estaba lesionado [se rompió la tibia en un entrenamiento] y él quería trabajar igual», recuerda el mediocentro del Recreativo y lo corrobora Manu, el meta del Alavés, con el que Fabricio compartió portería en el Dépor y el Fabril: «Éramos los que más entrenábamos. Los demás se iban al gimnasio, pero nosotros salíamos a curtirnos un poco. Incluso cuando llegó Aranzubia íbamos a meterle caña. Es un trabajador impresionante».

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