Un equipo sin respuestas

José M. Fernández PUNTO Y COMA

TORRE DE MARATHÓN

A veces las formas también importan, aunque en casos como este el fondo responda a una clasificación que refleja lo poco que el Dépor ha dado de sí en las siete primeras jornadas de Liga. La derrota del cuadro coruñés en Sevilla es doblemente dolorosa, porque es la cuarta consecutiva y por el cómo, sin un atisbo de rebelión e impropia de un equipo que está obligado a pelear cada punto como si fuera el último. El Dépor está lejos de ser un equipo; sigue siendo un grupo sin cohesión, deslavazado e incapaz de ofrecer una respuesta sólida. Contemplativo, sin intensidad ni tensión, nunca estuvo cerca de competir frente a un Sevilla que difícilmente se encontrará tantas facilidades a lo largo de la temporada; como tampoco las encontró un Banega que la Liga española ya había olvidado.

El Dépor atacó poco y mal, defendió peor y no es fácil rescatar una sucesión de cuatro o cinco pases seguidos en el centro del campo. Ni rastro del juego combinativo y asociativo, ni un atisbo de la idea que Víctor Fernández pregonó en el inicio, pero sí una grave falta de atención, una preocupante tendencia a bajar los brazos y una escasa predisposición a la agresividad. Un grupo que amenaza deconstrucción, ese peligroso proceso que tiende a convertir un equipo en once jugadores.