No digo que sí, ni tampoco que no, refiriéndome al titular del comentario de José Luis Losa publicado ayer en La Voz de Galicia: «Volverás a Gijón», recalca al tiempo que recuerda a los aficionados que ahora se cumplen 32 años de «la vergüenza de Gijón», cuando Alemania y Austria acordaron que su partido del Mundial-82, celebrado en España, debería terminar con el resultado de 1-0, marcador que valía para ambas selecciones puesto que eliminaba a Argelia.
Aquel pacto se le dio por bueno y, lo más triste, es que tales irregularidades en las que solo variaron los nombres de los equipos se repitieron en otras ocasiones donde jugaron, y continúan jugado conjuntos españoles. En este país, y me estoy refiriendo al nuestro, a España, tales arreglos no son novedad y, en demasiadas ocasiones, también con participación del personaje que viste de negro. Casi siempre son pasados por alto.
Ayer, se informaba en los medios, y La Voz entre ellos, del extraño envía realizado por el gobierno de Ghana a Brasil, cumpliendo con la promesa hecha a los seleccionados de aquel país. Los paquetes contenían en su interior unos fajos de dólares que fueron repartidos entre los futbolistas con quienes su Federación estaba en deuda. Ghana perdió con 2-1 con Portugal y ambos países quedaron eliminados.
Ejemplos como el relatado están a la orden del día, en el funcionamiento del máximo organismo del fútbol mundial que decidió, hace algún tiempo, que el escenario de los próximos campeonatos de mundo será Rusia. Catar queda en fila para 2.022, en donde estarán los mismos dirigentes que mandan ahora, salvo aquellos que dejen este mundo antes de los años indicados.