Ascenso del Deportivo: El triunfo del equipo mutante

El Dépor ha sabido adaptarse a sus múltiples rostros, cambiantes por las necesidades, las lesiones y la exigencia del ascenso

Foto vestuario

La Voz / Redacción

El Deportivo no tuvo un momento de respiro en una temporada que se jugó en el campo, en los despachos y en los bancos. Siempre en tensión, con la constante Fernando Vázquez como estrella que marcó el norte, el equipo blanquiazul mutó una y otra vez en función del tope salarial, de sus limitaciones económicas, de las lesiones, de sus necesidades en el campo y, sobre todo, ante la premura de un ascenso obligado más allá del prestigio deportivo. Con Lux, Insua y Juan Domínguez como base, el Dépor más cambiante acabó imponiéndose con mucho esfuerzo e incertidumbre en el último mes de competición, en una Liga de clones, de equipos agerridos y justos de calidad, que tanto ganaban al líder como perdían con el colista.

Para hacerse una idea. El Deportivo arrancó la Liga en Las Palmas con la siguiente alineación: Lux; Laure, Insua, Kaká, Manuel Pablo; Álex Bergantiños, Juan Domínguez; Bruno Gama (Bicho, min 87), Arizmendi (Juan Carlos, min 80), Culio; Luis (Rudy, min 75). A mitad del torneo, se proclamó campeón de invierno con un poco glamuroso empate sin goles en casa contra el Girona. Jugaron entonces Lux; Manuel Pablo, Marchena, Insua, Manuel Pablo; Álex Bergantiños; Núñez (Teles, min.76), Juan Carlos (Arizmendi, min.56), Juan Domínguez, Rudy (Luis Fernández, min.66); y Borja Bastón. En ambos enunciados el Deportivo muestra más de la mitad de jugadores que o bien no terminaron la temporada o bien se convirtieron en secundarios, cuando no en marginales. Durante tramos de la Liga, el Dépor fue como un equipo de baloncesto lleno de temporeros a los que se descarta por rendimiento, lesión o recuperación de su sustituto.

Influyeron desde el inicio los condicionantes económicos. Tras el descenso, se fueron Aranzubía, Zé Castro, Riki, Aythami, Valerón, Silvio, Abel Aguilar, Pizzi, Nelson Oliveira, Ayoze, Tiago Pinto y Jesús Vázquez (también Evaldo, Assunçâo y Roderick, en caso de que alguien los echara de menos). En plena vorágine del proceso concursal, la Liga se puso férrea con el límite salarial y el Dépor quedó muy lejos del equipo de campanillas con el que se logró el anterior regreso a Primera. Reforzado apenas con Arizmendi, Wilk, Culio, y Rudy, con la Liga ya empezada llegaron Borja Bastón, Fabricio y Luisinho. Las estrecheces económicas forzaron un juego de sillas calientes con la competición ya en marcha, y el vestuario se convirtió en una especie de puerta giratoria en el que entraban y salían jugadores en función de una tabla salarial.

Revolución en invierno

Así se fue construyendo un equipo que al principio sufrió escasez de efectivos y en el que canteranos como Bicho, Teles y Luis aparecieron para irse diluyendo. Las lesiones de Marchena, Luisinho y Rudy obligaron a forzar a jugadores fuera de posición y variar esquemas de juego. La marcha de Culio (el referente del pobre juego ofensivo del Dépor en la primera mitad del campeonato) en el mercado invernal, con una gran oferta económica del fútbol árabe, permitió al Deportivo reestructurar la plantilla y ajustar piezas. Llegaron Salomâo, Toché, Sissoko, Rabello y Lopo de una tacada. El Dépor, ya campeón de la primera vuelta, seguía necesitando maquinaria porque el equipo sufría mucho para sacar partidos en casa y le costaba hacer gol.

Aferrado a la seguridad defensiva, tras los refuerzos la exigencia fue mayor y el Dépor lo acusó. «¿Minicrisis? Si la crisis es cuando vamos primeros mucho mejor», dio Álex Bergantiños tras una racha de 2 derrotas y 3 empates en cinco jornadas. «Da la sensación de que ahora somos la repera y antes, un equipo normal», se defendió entonces Fernando Vázquez. El Dépor ya llevaba consumidos 30 jugadores y llegaría el 31, porque Salomâo se lesionó de gravedad y llegó Ifrán en su sitio. Pudieron ser 32 los usados de no mediar la dolencia de Lemos durante toda la temporada.

Tranquilizada la plantilla desde enero con los pagos al día, el Deportivo siguió cambiando su rostro jornada tras jornada. Bien fuera por exprimir el momento de gracia de sus delanteros (Toché, Bastón e Ifrán respondieron siempre con goles a sus momentos en el campo), por sanciones (Luisinho y sus 4 partidos por amenazar a un juez de línea), bien por lesiones de larga duración (Wilk, Salomâo), el Dépor ha estado en constante ebullición porque, además, la temporada nunca le permitió un respiro. Apretado por el Eibar y el Las Palmas cuando se suponía rival de Mallorca y Zaragoza, la baraja de Vázquez fue cambiando hasta que en el tramo decisivo del torneo se echó en brazos de Sissoko, Rabello, Luisinho e Ifrán en el ataque. Por detrás ha sido más constante: Lux, Insua y Juan Domínguez han sido los indiscutibles pilares del equipo, los jugadores que más minutos han disputado y en los que Vázquez ha confiado a ciegas.

Pero aun con su nueva piel el Deportivo vivió un tormento en el último mes y medio de competición, cuando la responsabilidad y la angustia de la cercanía del ascenso atenazó las piernas del equipo, que sin embargo remontó el último escollo para poder mirar satisfecho desde la cumbre de Primera.

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