«Mi temperamento no hay nadie que pueda cambiarlo. Soy así. Pero escucho a la gente y tengo la mente abierta. Me sirvieron de ejemplo los cuatro partidos porque me perjudicó bastante a mí y perjudicó al equipo». Luisinho hizo ayer su peculiar acto de contrición.
Reconoció en sala de prensa que el míster le ha pedido que pula su carácter, pero esgrimió su naturaleza como eximente: «Soy bastante competitivo, no me gusta perder en nada. No soy mala gente, ni nada. Todo lo que hago es para ayudar al equipo, aunque a veces mis gestos son mal interpretados. Tengo la conciencia tranquila».
Ni siquiera eludió referirse al incidente de hace un par de semanas. Las cosas que pasan en los entrenamientos son cosas del momento. No se trasladan afuera y quedan resueltas. Son cosas normales del fútbol. A veces estás caliente y pasa algo que no te gusta, pero son cosas normales, subrayó.
También se refirió a su versatilidad e insistió en que si tiene que elegir, prefiere sumarse a la zaga: «Jugué hace mucho tiempo en la línea de ataque en Portugal, pero mis rutinas son de lateral. Hace poco hablé con el entrenador sobre eso. Lo que pasa es que las cosas están saliendo bien arriba y hay que seguir así».
Sobre el futuro, pocas pistas: «El destino nunca lo sabemos, pero ahora me siento bien aquí. Me gusta el club y la ciudad».