De manera injusta, por la decisión arbitral que decidió el resultado, confieso que cada vez que el deportivismo sufre una derrota lejos de Riazor, se aviva más en mi ánimo el valor que tienen los empates fuera. A estos resultados, que en la Liga valen un punto y en la Copa frecuentemente dan derecho a seguir en la competición, no todos los aficionados les conceden el valor que merecen. El ejemplo más reciente, además del que afecta a los coruñeses, lo tenemos en lo sucedido en el Valladolid-Barcelona (1-0) partido que «ganará el Barcelona sin bajar del autocar», aseguraban los comentarios antes del partido. Los pucelanos no soñaban con ganar y los catalanes ni empatar. Ahora, la derrota hay que calificarla como un desastre para el Barça.
Me extendí en la explicación porque, con frecuencia y hablando de las salidas del Dépor, acostumbro a confesar en el periódico el deseo de «que el equipo regrese con algunos de los puntos». La diferencia entre ganar y perder es importante, y más desde que las victorias valen tres puntos.
Las derrotas influyen más negativamente cuando se sufren mediante una injusta decisión como la del árbitro ayer. Una derrota tan injusta como inesperada para este Dépor que lucha ascender, aunque ayer no hubiese jugado el partido esperado.