Queridos muchachos de Casa Pía

Xurxo Fernández Fernández
xurxo fernández A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

CESAR QUIAN

Salomão integró un grupo convertido en referente de la institución lisboeta

26 feb 2014 . Actualizado a las 17:17 h.

Salomão, Zeca y Pedro Santos. El ejemplo para los alumnos de Casa Pía son tres muchachos que antes de triunfar como profesionales desparramados por Europa firmaron algunos de los éxitos modestos del pequeño club lisboeta. El área de fútbol de la conocida institución benéfica unió durante varias temporadas al extremo del Dépor y a dos de sus mejores amigos en el mundo del balompié. Uno milita ahora en el Río Ave, cedido por el Sporting Braga, y el otro fue hasta hace poco compañero de habitación de Toché en las concentraciones del Panathinaikos. Los integrantes de este pequeño rat pack juvenil y el entrenador al que el trío considera su padre deportivo hablaron para La Voz sobre aquellos años fundamentales en la vida del futbolista blanquiazul.

Diogo Salomão

«Un club humilde que me ayudó a crecer»

Una época que el propio jugador califica de «momento clave. El de la transición de júnior a sénior». Y eso que antes de aquello, Salomao ya había hecho unos cuantos kilómetros sobre césped y tierra. «Empecé en el Estrela Amadora, con seis años -rememora-. Era el club que estaba al lado de mi casa, así que se lo pedí a mis padres. Antes, jugaba en la calle con mis amigos». Entre el equipo del barrio de A Reboleira y el Damaiense, el crío cumplió los 14. «En el Estrela no estaba jugando mucho así que me fui al Casa Pía».

Mudanza decisiva. «Allí me acogieron muy bien. El ambiente era más familiar. Un club muy humilde con pocas posibilidades que me ayudó a crecer», apunta el extremo cedido en el Dépor. «Es una institución muy conocida en Lisboa -detalla-. Tiene un colegio y se dedica a ayudar a huérfanos y niños desfavorecidos de la capital (su imagen se ha recuperado tras el macrojuicio por un escándalo de abusos)».

Jose Viriato

«Nos hicieron ganadores»

Salomao comenzó en el equipo juvenil y una campaña más tarde pasó a jugar con los mayores. Salto en el que le acompañaron sus dos amigos y el míster. «(José) Viriato nos tenía mucho cariño. Nos encaminaba y nos daba consejos. Era como un padre -comenta el 22 de los coruñeses-. En una fase tan importante de nuestro crecimiento nos hacía entender cómo debíamos comportarnos».

El míster se quita importancia y asegura que los propios chavales se lo pusieron fácil. «Eran muy buenos, y no hablo solo de fútbol. Nos hicieron ganadores. Diogo era quizá el más tranquilo. Poco hablador, introvertido... En el campo destacaba por su técnica y su velocidad y además ayudaba en defensa. Era descarado y no tenía miedo a intentar cosas distintas con la pelota», enumera el técnico por teléfono desde la capital lusa, donde sigue dirigiendo al Casa Pía.

Detalla que con el trío como base el club consiguió vencer al Sporting y al Benfica en categoría júnior, y que en la sénior llegaron a proclamarse campeones de la división de honor lisboeta. Un logro importante para la institución, de la que ha salido algún internacional luso, como Carlos Xavier, pero que destaca más en otras disciplinas como la lucha. «Los títulos no son nuestro objetivo principal. Lo importante es alejar a los jóvenes de sus problemas y ofrecerles alternativas», afirma Viriato.

Zeca Rodrigues

«En el campo era muy serio, pero fuera, Diogo era un payaso»

La fórmula educativa cuenta también con el aval de Zeca. Centrocampista erigido en una de las estrellas del Panathinaikos. En Grecia, forjó su gran relación con Toché y conoció las virtudes futbolísticas de Sissoko -«es buenísimo»-. Antes pasó doce años (desde los 9) en Casa Pía: «Tiene una estructura pequeña, así que pueden estar pendientes de todo. Allí creces viendo a otros chicos superar grandes dificultades. Supongo que eso nos marcó de algún modo a los tres».

El trío estaba unido más allá de la cancha. «No es que anduviésemos siempre juntos, porque vivíamos en zonas un poco separadas. Pero sí nos gustaba salir cuando podíamos», detalla Zeca. Lejos del césped, Salomao mutaba. «En el campo era muy serio, pero fuera, Diogo era un payaso», recuerda riendo el futbolista de Amadora. Aunque más allá de ser «el más alegre del grupo», el ahora atacante blanquiazul era también «muy buena persona y un futbolista distinto», proclama su amigo.

Pedro Santos

«Llegamos donde soñábamos»

La tercera pata del grupo era Pedro Santos, ahora en el Río Ave de la máxima categoría lusa. Extremo, como Salomao, con el que aún se reúne «en las fiestas, para comer con nuestra gente». «Le gustaba mucho encarar al rival. Probarse», recuerda de su excompañero, al que también define como «callado hasta que tocaba divertirse». Pasó ocho años en Casa Pía, de donde salió a los 23, después de que lo hicieran sus colegas: «Nos fuimos cada uno por nuestro lado y llegamos donde soñábamos».