Álvaro Lemos, siete meses en el túnel

Xurxo Fernández Fernández
xurxo fernández A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

GONZALO BARRAL

El canterano entraba en los planes de Vázquez cuando se rompió el cruzado en Monforte; tras 212 días de recuperación, está listo para jugar

25 feb 2014 . Actualizado a las 21:56 h.

Por Twitter. Así se enteró Carmen de la gravedad de la lesión de su hijo. Álvaro Lemos había llamado el día antes para avisar de que sus molestias en la pierna parecían algo serio. Abandonaba la concentración de Monforte y volvía a casa antes de pasar revisión médica.

El chaval durmió en Santiago -a donde llegó junto a Ernesto Bello, que volvía de presentar a Rudy a sus nuevos compañeros- y se fue conduciendo hasta A Coruña. Resonancia en el Modelo, y de ahí, a por el diagnóstico a la clínica del doctor Arriaza: rotura en el ligamento cruzado de la rodilla derecha.

Álvaro recibió la noticia y salió de la consulta a llorar. Volvió al hotel del equipo a recoger ropa y despedirse de sus compañeros y del míster, que le pidió que se centrase en la recuperación y le dejó claro que la lesión no le cerraba las puertas del primer equipo.

Dos días más tarde, el jugador (de 20 años) llegaba nervioso a someterse a una operación que salió perfecta, y empezaba un proceso de recuperación de siete meses. El arranque no fue sencillo. A los cuatro días falleció su abuelo y poco después llegó el aniversario de la muerte de su hermano. Fueron semanas de no poder moverse del sofá, con su novia, Sara, dando el relevo cuando sus padres tenían que salir a trabajar. «En esos días estuvo muy consentido», recuerda ella riendo.

El bache quedó atrás en cuanto el futbolista pudo ponerse en manos de Adán y Adolfo, los fisios del Deportivo. Viaje diario a Abegondo para compartir vestuario y nada más con el resto de la plantilla. Sesiones de gimnasio con mono de césped, aliviado por el aliento de todo el grupo. Más allá de los viejos amigos del filial, la palmadita verbal de Marchena cada mañana.

Bajo la mirada de Insua

Nadie siguió la evolución más de cerca que Insua, chófer y compañero de piso del santiagués, al que profesa «mucho cariño». «Otros chicos en sus circunstancias están un poco más cabizbajos, pero él siempre lo afrontó con mucho ánimo y mucho trabajo», apunta el central.

No estaba el de Arzúa para vivir a la par de Álvaro los días de partido. «Los fines de semana se le notaba distinto. Con rabia. Lo pasaba mal», relata Sara. Tampoco a Carmen se le escapaba el cambio de humor de su hijo: «Echaba de menos jugar y se ponía triste». Sobre todo, cuando el Dépor ejercía de local y tocaba mirar desde el palco. Ganas de dar patadas a un balón, en el primer equipo o el Fabril.

Más de dos meses tardó en llegar el parche para el ansia. Salto de las manos del fisio a las del readaptador. Con Pablo, al menos pisaba césped, aunque fuese el del campo de entrenamiento de Abegondo. Larga recta final del túnel completada con ejercicios en casa los días libres. «Por hacerlos dejaba de salir. Fue muy responsable». ¿Y qué iba a decir su novia? Pero ahí está el doctor Arriaza para corroborarlo: «Ha ido por el libro, respetando todo, cumpliendo con todo. Ha ido fantástico». Lo dijo el sábado, cuando acudió a Abegondo a comunicar que el chaval ya tenía el alta. Álvaro ya se había enterado. Por Twitter. De tal palo...