Un nuevo Dépor democrático


Leo que «Federer hizo retroceder el tiempo en Melbourne». El suizo juega como antes, lo cual celebro porque no siempre los tiempos actuales son mejores. Y no me refiero solo al deporte. Ayer puede comprobar que, en el ambiente coruñés, se nota el interés que reina entre los aficionados por el cambio que experimenta el gobierno del Deportivo, donde se espera reanudar las antiguas relaciones entre club y seguidores: ?Un cambio de régimen?, frase que no necesita de aclaración para entender que en el Deportivo llegan nuevos tiempos. Aun ignorando como serán, estoy convencido de que si los vientos vienen sesgados, nunca volverán a soplar en contra, además de cortar de raíz enmendado la marcha que empujaba al club al borde del precipicio, en un trayecto que cabe suponer quedará atrás. Para comprenderlo, bastaría un balance actual sin necesidad de echar mano más allá de las elementales cuatro reglas para comprobar el resultado actual, desolador.

Antes de que me acusen de una excesiva retórica tratando un tema tan popular y agrado de los viejos deportivistas, y me refiero a aquellos seguidores que en tiempos pasados nos sentíamos felices con Acuña, Pedrito, Neira, Chacho y Chao porque no es cosa de nombrar también a Amancio, Veloso, Carlos Pellicer, Fran u otros más recientes. El caso es que con este cambio de régimen, confiamos en recuperar la tranquilidad pasada, aunque alterada siempre por los resultados de los partidos. Es la ley del fútbol, en una vida que nunca sabes qué ofrece a cada uno por delante, según pasa el tiempo. Un tiempo en el que los aficionados esperan satisfacciones, contando con más de un berrinche que para el deportivismo es normal, pero nunca tanto como últimamente.

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