Tras la junta del viernes, Lendoiro reunió a su equipo en su restaurante fetiche, analizó la situación y comenzó a meditar el anuncio de su retirada
27 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Había sufrido un duro revés en la junta de accionistas y buscó el apoyo de sus colaboradores. Faltaban pocos minutos para las dos de la madrugada del viernes al sábado cuando Lendoiro pidió a José Manuel Crespo, Crispi, el penúltimo favor, que le abriera El Manjar y le cocinara una tortilla para compartir con su equipo de trabajo.
Allí, en el templo gastronómico en el que disfrutó tantas y tantas noches, vivió Lendoiro las horas más amargas tras la derrota. Allí comenzó a fraguarse, según el relato de diversas fuentes, lo que días después sería el anuncio de su retirada de la carrera electoral.
Abandonó el colegio Santa María del Mar cabizbajo. Pensativo, como si por su cabeza estuvieran desfilando los 25 años de su mandato en el Deportivo. Se fue con sus colaboradores. Sin familia. Porque, a diferencia de anteriores juntas victoriosas, ningún hijo lo acompañó en la que ha sido hasta ahora su mayor derrota. Al día siguiente, sábado, Augusto César Marcos sí estuvo más activo. Todavía en medio de un ambiente de funeral, trató de levantar el ánimo tras el partido contra el Numancia e hizo algunas llamadas para intentar reactivar la campaña de su padre.
Pero cualquier esfuerzo parecía ya inútil. Lendoiro abandonó el estadio en compañía de dos miembros de su equipo. Subieron al coche de uno de ellos, estacionado en la explanada del palacio. Sin paños calientes, analizaron lo sucedido y el futuro que le esperaba.
El análisis era simple. Tino Fernández había barrido en las primarias que había sido la junta del viernes. Algunos de los accionistas que habían apoyado a Lendoiro ya le habían dicho que no contara con ellos para enero, puesto que entendían que debía haber un cambio. Y encima, su gran baza, la ayuda de Jorge Mendes, no se estaba materializando como Lendoiro quería. Por primera vez pronunció la palabra retirada.
El domingo siguió dándole vueltas al tema, mientras le llegaban rumores sobre la posible querella que meditaba presentar Tino Fernández. Y acabó por tomar una decisión que su contrincante podría ver como un gesto de buena voluntad y replantearse las medidas judiciales, además de ayudarle en la negociación con Hacienda para que apruebe su convenio. Si lo consiguió o no se verá en breve.
Se lo adelantó a algunos blues
Durante la jornada del lunes aprovechó para adelantar la noticia a la gente que había colaborado con él y su equipo electoral. Entre ellos, a varios destacados miembros de los Riazor Blues, a los que agradeció personalmente su apoyo activo, tanto en las redes sociales como dándose cita en la junta del viernes. Alguno incluso acudió un día después al estadio municipal de Riazor para arroparlo en la rueda de prensa en la que anunció su retirada.
Fue una intervención sosegada y en la que trató de transmitir una tranquilidad que, según algunos de sus cercanos, alcanzó en el momento de transmitir su decisión. Una decisión que nadie le discutió, conscientes todos de que la derrota de enero era un hecho.