¿Jueces? Haberlos, hailos

Vicente Leirachá
Vicente Leirachá PUNTO DE MIRA

TORRE DE MARATHÓN

Sorprende que con el partido de Riazor, anteayer, y ayer el tradicional sorteo de Navidad, haya sido la asamblea del Deportivo el tema estrella de conversación en círculos y peñas en donde se reúnen contertulios centrando diariamente sus conversaciones en polémicas de palpitante actualidad. Siempre predomina un tema caliente, y con resonancia en la vida de la ciudad coruñesa. Confieso que yo me perdí hablando en un par de ocasiones, al intentar convencer a los amigos contertulios con argumentos deportivistas almacenados en la memoria de muchos años atrás que llevo encima y nunca oculto.

El caso es que ayer participó por primera vez en la tertulia un veterano coruñés, que emigró a Estados Unidos hace muchos años, cuando Daniel Chaver Gómez ocupaba la presidencia del Deportivo. Al conocer este hombre que ahora otro Chaver es abogado del mandatario del club coruñés, le sorprendió enterarse del problema que afecta a la entidad coruñesa. De manera muy especial, cuando se le explicó el motivo del pleito (?) que originó desde tiempo atrás quien todavía se considera el presidente del club.

Los años de Daniel Chaver

El contertulio invitado, escuchó con atención el relato que se le fue desmenuzando, sin prisas, sentados en torno a la mesa de café, al tiempo que preguntaba: «A todo esto, ¿qué dice el juez que lleva el asunto al abogado Chaver?». Se insistió en aclararle que Chaver es el abogado del mandatario del club, y entonces surgió una confusión que frenó los duros comentarios desatados por temor a otras consecuencias. Cuando el americano se creyó enterado del fondo de esta increíble cuestión por la que el Deportivo y sus socios se sienten perdidos en un mundo que parece no tener salida dijo muy ufano: «En aquellos años cincuenta y tantos de la cruel dictadura, cuando Daniel Chaver era presidente, este asunto lo hubiera resuelto el gobernador civil en menos de 24 horas. Ahora, que en España se presume de que la Ley está para que se cumpla, hay casos como este en los que parece que no hay jueces. Cuando regrese a Nueva York y cuente esta historia, los americanos no me lo creerán. A todo esto, ¿cómo creen ustedes que terminará este caso tan extraño?».

Después de mirar unos para los otros, nadie acertó a contestarle. Bueno, salvo el veterano camarero que pareció decir por lo bajo algo que se le entendió con claridad: «Cuando en La Coruña surja un juez con la gallardía, planta, y rectitud que adornaban al presidente Chaver?».

Confiamos que tras las fiestas de Navidad que me facilitan unos días de asueto, sepamos el americano, ustedes y yo, cómo terminó el circo de la asamblea deportivista.