El optimismo es un remedio que ayuda al individuo a superar estados de decaimiento. Lleva a uno a juzgar, y creer, que todo resulta más favorable de lo que es. El optimismo es moneda de cambio que circula, diría que con exceso, en el mundo del fútbol haciendo creer que vendrán tiempos mejores?
Hay que ser un buen analista de la situación cuando el problema se encadena y aumentan las dificultades para encararlas. Un ejemplo muy claro y actual: el optimista cree lo que le dice el mandatario del Deportivo, intentando convencer de que no pasa nada y «estamos infinitamente mejor que hace tres años».
Como lo anterior no conduce a nada positivo, vamos a meternos en el campo de Ipurua en donde Ballesta recordó los problemas sufridos por los deportivistas. Pero eso era antes porque ahora, según se deduce de lo que dice Fernando Vázquez, el panorama cambió y la realidad apunta a que el Deportivo afrontará el partido de hoy con posibilidades de superar al Eibar. Y conste que estas impresiones del técnico de Castrofeito no están influenciadas, supongo, por ese optimismo que destila el mandatario del club transmitiendo al seguidor deportivista una distorsionada realidad.
Realidad que se prolonga en el tiempo hasta no se sabe cuándo pero, de momento, confiemos en el marcador para hoy. Y no crean que el pronóstico peca de optimismo.