Nada nuevo bajo el sol. Como si el tiempo no hubiera pasado y el Deportivo no cargara con la mochila insufrible de los 160 millones que su gestión ha originado, Lendoiro se presentó ante sus acólitos con un discurso en blanco y negro. Fruto de una meditada renovación, Beci sustituye a Pachi Dopico. Eso sí, el guiño al idioma que siempre ha tratado de esquivar y la mezquina factura a los que le han dado la espalda.
Así es el renovado mensaje de Lendoiro. No existe voluntad de cambio, de abrir el club al deportivismo, de democratizar las formas y el fondo, de, al fin, arreglar los problemas que él mismo ha generado. El pasado, siempre el pasado, ese que luce con orgullo seis títulos, pero también el concurso más grande del fútbol español. ¿Y el futuro? «Su convenio», no un acuerdo con aquellos con los que incumplió de forma reiterada y a los que presiona sin pudor. ¡Cómo si fueran los acreedores los responsables! Fichajes, jugadores para repetir lo sucedido tras el último descenso. Ni entonces la panacea fue la vuelta a Primera -creció el endeudamiento- ni ahora reforzar el equipo garantiza nada que no sea más gasto.
El Dépor no está en concurso por su trayectoria deportiva. A la suspensión de pagos se llega por una gestión nefasta, por una patológica tradición de incumplimientos para los que ya no sirve como excusa una Champions que abandonó Riazor en el 2005.
El elefante blanco se acercará en los próximos días. En un acto de caridad sin precedente, su querido afilhado le permite utilizar su nombre para decir que acudirá al rescate, cuando todavía no nos hemos recuperado del último, de ese que empujó al Dépor a su segundo descenso en tres años.
El deportivismo también vive fuera del salón de actos de Salesianos. Miles de accionistas a los que Lendoiro les niega unas cuentas en condiciones y unas elecciones en tiempo. Al menos hay que agradecerle que no haya apelado a la herencia recibida.