El 17 de diciembre se cumplirán 39 años desde el único Dépor-Lugo jugado en Liga hasta ahora
28 nov 2013 . Actualizado a las 17:46 h.El Dépor aún trataba de asimilar su sorprendente descenso a Tercera. El Lugo todavía se estaba asentando en la categoría tras el reciente retorno desde Preferente. La cita fue en Riazor, un 15 de diciembre de 1974. Una y no más, hasta la fecha. Los vecinos no habían vuelto a quedar en A Coruña para cruzarse en Liga después de que los blanquiazules dejasen atrás a los rojiblancos para regresar a Segunda. La categoría en la que este sábado, a las 18.15 horas se producirá el reencuentro -sí han mantenido varios (cinco) escarceos coperos, todos saldados a favor del Dépor-.
De aquel primer envite hay una crónica en La Voz, en la que José María Guimaraens habla de «Emoción por todo lo alto» y destaca que «El Lugo causó una excelente impresión en Riazor». La emoción fue fruto de un duelo de ida y vuelta que solo se decidió a falta de un cuarto de hora. Los locales golpearon primero (Muñoz, de penalti) y los visitantes lograron el empate poco más tarde (Hidalgo, aprovechando un grave error defensivo). Un cabezazo de Castro, tras una jugada por la izquierda de Muñoz, puso el 2-1 definitivo.
Hasta once saques de esquina dieron muestra de la superioridad del conjunto de casa. Dominio que el Deportivo no supo traducir en más tantos debido al «buen quehacer del bloque de cobertura adversario», según subraya Guimaraens en su relato del partido.
Un choque que recuerda Andrés Pardo, lateral blanquiazul (reconvertido desde el puesto de extremo). «El derbi fue un partido tenso, de pique -comenta-, aunque no era igual que contra el Celta. De este te acordabas toda la temporada, pero con el Lugo los comentarios solo duraban esa semana. Tampoco era como contra el Racing, que también se vivía mucho».
El conjunto que entrenaba Irulegui era claro favorito, como aspirante a un ascenso que acabó consiguiendo. «Teníamos la exigencia de subir. Era un oprobio para el club estar en Tercera», señala Pardo. Su técnico de entonces «era muy peculiar. Jugamos contra el Madrid en Copa y nos dijo: ?El Madrid era mejor antes del partido y será mejor después, pero donde lo tiene que demostrar es durante el partido??».
«Pitaron un penalti que no hice»
El equipo de enfrente lo dirigía Martín Esparza. «Fue el mejor entrenador que tuve», asegura Vicente Álvarez, quien un año más tarde se convertiría en capitán lucense. «Para nosotros era una emoción jugar en Riazor, contra un equipo maravilloso como era el Deportivo», señala el defensa. No olvida que aquel día «me pitaron un penalti que no hice». El que deparó el 1-0.
La fiesta en la grada también resultó memorable para Álvarez: «Nunca nos habíamos visto en una así, en Riazor. Habíamos estado en San Mamés, con el Bilbao Athletic; en Las Llanas, contra el Sestao, que eran dos rivales fuertes. Habría más de tres cuartos de entrada. El ambiente era impresionante».