El Deportivo jugará el domingo en el campo del Hércules, uno de los viejos leones, entre los equipos de Segunda que intentan meterse arriba, pensando en repetir la época en la que por allí pasó Arsenio en la década de los 60. Desde entonces, creo que en Alicante no volvieron a disfrutar tiempos mejores. Hablar del equipo alicantino hace aflorar recuerdos tan antiguos como son los de una tarde de invierno de principios de los cuarenta, tarde en la que el Hércules tenía partido de Primera División en el viejo Riazor, a las 3.15 de la tarde porque, dada la época del año, la falta de luz fijaba el horario. Dieron las 3 y el equipo alicantino sin aparecer, «porque el tren expreso (que debería llegar a la estación coruñesa a la una) había quedado bloqueado por la nieve a la salida de Curtis. Al filo de las 4 aparecieron los jugadores alicantinos, recibidos con aplausos y, al final, serían despedidos con la derrota por 3-1. En los minutos finales del partido casi no se veía el balón, y para nada de un área a la contraria.
Repito la fecha: febrero de 1941, en plena guerra mundial. En España, los trenes circulaban todos con gran retraso. Los equipos que venían a jugar a Galicia regresaban cargados de alubias, harina, carne salada y chorizos. El disgusto por perder quedaba en nada por el regreso a casa, mostrando el suministro de alimentos.
Este episodio tuve oportunidad de recordarlo con Rico Pérez, el presidente del Hércules que me confesó no haberse sentido nunca tan tranquilo en el palco como cuando contó con Arsenio en el banquillo alicantino. El de Arteixo, correspondió en todo momento al afecto personal que le profesó José Rico Pérez, que así se llamaba el recordado presidente del Hércules de Alicante.