Me refiero a los tiempos pasados del Deportivo por haberlos vivido en los despachos donde se planificaban ideas que luego no era posible llevar a la práctica por falta de medios. Sucedía cada temporada cuando tocaba hablar de fichajes y proyectos que luego se venían abajo antes de finalizar la primera vuelta. No era fácil convencer a los directivos para poner la firma en un talón, porque el club no tenía fondos en la entidad bancaria. En estos casos había que recurrir siempre al bolsillo de uno de los componentes más adinerado de la directiva.
En más de medio siglo de trabajo como periodista, y ahora más de veinte años como uno de los veteranos seguidores que viven día a día los permanentes y graves vaivenes del club coruñés, no acertamos a entender, y menos admitir, la situación en la que durante los últimos veinte años han venido enterrando al Real Club Deportivo al mismo tiempo que le daban vida y gloria, según pregonaban los portavoces oficiales. Todo resultó ser un manto de falsedades que ahora tiene como única salida, la Ley Concursal.
Antes, se hablaba especialmente del Deportivo por dos razones: una, celebrando alguna sonada victoria. Otra, cuando el club atravesaba situaciones críticas por la dificultades económicas que llegaban a impedir algún desplazamiento para cumplir una cita del equipo con su rival de otra localidad española. Entonces solía recurrirse a los directivos más adinerados, pues siempre había alguno en la junta directiva. Estas medidas se anunciaban siempre como provisionales? en cuanto no se ponía en marcha una campaña pro-Deportivo.
Eran tiempos en los que privaba la modestia y no faltaban las ayudas. Ahora, el desafío y la petulancia aparecen como si fueran emblemas del centenario club coruñés.