Como casi siempre, en la Liga española hay dos equipos que juegan mirando para el título. Lejos todavía del tramo final, ya aparece uno destacado, el Barcelona, mientras el resto (salvo excepciones de todos conocidas) cumplen con un calendario falto de alicientes. Unos, los menos, por alcanzar puestos que les lleve a Europa. Otros miran de reojo los resultados de cada jornada cuidando de mantenerse a flote y no ser llevados por la corriente que arrastra hasta ese descenso tan temido, sobre todo por aquellos conjuntos que ya lo han sufrido en temporadas pasadas e intentan por todos los medios evitar una nueva caída mortal. Entre unos y otros, un pequeño grupo de equipos que, si les pinta bien, pueden llegar a un torneo europeo aunque no conseguirlo tampoco les crea problemas porque, dada su posición en la tabla, no temen al descenso.
Eso dicen, aunque en el fútbol nada es seguro y menos hablando del futuro. Por eso mismo sorprende escuchar por boca de profesionales metidos en equipos con el agua por encima de la cintura hablar con optimismo y repitiendo promesas que no se ajustan a la realidad.
Falta responsabilidad en unos mensajes dirigidos a unos seguidores desconcertados.
En situaciones comprometidas como la que ahora padece el Deportivo, resulta obligado hablar con claridad, advirtiendo lo que sucederá si seguimos con promesas sin fundamento como anteayer hizo ese niño grande del equipo coruñés que es Valerón, apoyado por José Luis Oltra.
Conocer lo que dijeron, y echar un vistazo a la clasificación general, lleva a una realidad que se pierde en el abismo si no se produce un cambio urgente que intente encontrar esa mejoría por la que suspira todo el deportivismo.