Decíamos ayer que ningún equipo está libre de perder un partido importante como este Deportivo ? Levante del que terminábamos confesando de antemano la aceptación de un empate. Lo reconocíamos después de resaltar la necesidad del equipo coruñés por sumar los 3 puntos que, si bien es verdad que perderlos tampoco significan la muerte, lo cierto es que esta derrota en casa, y con el ambiente volcado en la demanda de un triunfo, significan algo más que un simple resultado adverso en uno de los partidos de Liga. Por esto, que no es más que el fruto de la experiencia de los sinsabores sufridos en situaciones similares, es por lo que ayer terminaba diciendo que «los empates también alivian situaciones». Por ejemplo la de ayer, porque si en los minutos que se jugaron desde el 0-2 hasta el descuento se hubiese conseguido el 2-2, el delirio inundaría los graderíos de Riazor, borrando al momento la mala impresión que se respiraba al final del partido.
Larga reflexión sobre este pésimo partido matinal que ya comenzó mal con las lesiones de Marchena y Zé Castro y terminó peor, porque más allá de una derrota para el seguidor no hay más que tristeza. Para el Levante todo discurrió al revés, pues cuando parecía tenerlo más difícil (como fue la sanción del penalti) el azar, el fallo de Riki y la expulsión de Aranzubia ayudaron a los valencianos a mantener el favorable marcador de 1-0, aumentado hasta el increíble, pero cierto, 0-2 que cerró este partido de Riazor. ¡Qué bueno hubiera sido el empate!