En el fútbol reza ese mandamiento que enseña a defender al equipo de casa «por delante de los adversarios», quienes tratan de desplazarlo a puestos de riesgo, cuando la ilusión de todo seguidor es ver a su equipo compitiendo desde posiciones en las que, sin exigirle que alcance los primeros puestos, sí al menos poder ver sus partidos sin ese angustia que a uno le embarga temiendo perder el partido de turno. Tal sensación puede decirse que la sufren más de la mitad de los seguidores de los equipos españoles, metidos en una Liga que juegan solamente dos por el título, porque algún otro juega mirando únicamente para llegar a Europa. El resto, a escapar del descenso aunque todos, sin excepción, tratan de mantener encendida la llama de esa ilusión tan bonita como alimenta el fútbol. Y saludable, cuando se gana.
Decíamos ayer que, para el Deportivo, la única salida es ganar al Levante. Hoy, sin cambiar de opinión, pero teniendo en cuenta que aún no se cubrió el primer tercio de la Liga, modificaremos aquella frase diciendo que «el Deportivo no puede perder», según expresión errónea pero muy escuchada en casos similares.
Ningún equipo está libre de perder, pero no olvidemos que los empates también alivian muchas situaciones. Ganar es lo que importa, cierto. El Levante solo alcanzó 4 puntos fuera de su campo. Es un dato.