La afición disfrutó de un encuentro espectacular que se recordará durante mucho tiempo
22 oct 2012 . Actualizado a las 21:15 h.El Dépor sufrió el sábado la derrota más espectacular que se recuerda. Riazor disfrutó hasta el final con el sueño de la remontada de su equipo frente al inabordable Barcelona y con una lluvia de dianas en las que hasta el autogol de Jordi Alba resultó un auténtico golazo. La afición se convirtió en la gran triunfadora de un choque disputado de área a área, en el que las defensas se humillaron frente a los delanteros y al que los entrenadores, incapaces de contener en sus pizarras los límites de un partido completamente desatado, respondieron con el morro torcido.
Pocas veces los azulgrana, campeones de todo y ejemplos de buen fútbol, ofrecerán un discurso tan deslavazado y falto de control. Los Messi, Cesc, Iniesta y compañía dejaron claro en el primer cuarto de hora que juegan más contra sí mismos que contra los rivales. Pero, claro, la desconexión de un grupo de jugadores de tal calibre tras un inicio de partido tan sublime permitió crecer a este Dépor sin temor. Es más, los de Oltra se revelaron casi felices de que el partido se desatase definitivamente y pudieran correr con libertad de área a área, a salvo de corsés incómodos. «El Barça acabó pidiendo la hora y eso era impensable», reconoció ayer Pizzi.
La afición de Riazor aplaudió el desafío de un equipo heroico y se relamió ante un partido excepcional, con el que no contaba nadie y del que todos se acordarán a partir de ahora. «Bestial», tituló Sport. «Messi reina en la locura gloriosa de Riazor», resumió Marca. As destacó la «bendita locura» del choque y afirmó sin rodeos: «Deportivo y Barça firman un partido de otra época».
Hasta el argentino Olé no se quedó atrás en sus calificativos al partido y a Messi, autor de tres tantos: «¡La madre que lo parió!». Y Mundo Deportivo no se quedó atrás: «Victoria de locos». «En un partido loco, loco, loco Messi puso su punto de cordura y celebró la paternidad por adelantado», señaló en su crónica. Y es que el partido tuvo algo del alegre rebumbio, de la soterrada revolución, que sigue al nacimiento de un hijo. Ayer pudo fundarse el Dépor que aspira a sellar la permanencia en Primera División allá por el mes de mayo. Pegada, descaro y espectáculo se convierten en sus atrevidas señas de identidad. La búsqueda de la victoria, el primer objetivo.