¿Por qué comemos roscón el día de Reyes?

La Voz REDACCIÓN

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En la jornada del 6 de enero no solo se abren regalos ya que este postre endulza la comilona que cierra las Navidades

14 ene 2015 . Actualizado a las 10:12 h.

El día 6 de enero casi la totalidad de hogares españoles se ponen de acuerdo, por segunda vez en el año -el otro momento es la tradición de comer las doce uvas durante la transición de un año a otro-, para llevar a cabo dos acciones de forma simultáneamente. Por un lado, miles de niños, y también adultos, abriendo llenos de ilusión los regalos que les han dejado Gaspar, Melchor y Baltasar marcan las primeras horas de una jornada que es, por norma general, el final de la Navidad. Y, por otro lado, el roscón de Reyes es el postre fundamental ya sea durante el desayuno, en la comida e, incluso, en la cena, aunque la tradición marca que se servía durante la merienda. Eso sí, en muchas casas, por ansiedad o por costumbre, lo normal es ya empezar a comerlo el día 5 por la tarde, en la víspera del día de Reyes.

Pero, ¿por qué comemos roscón en Reyes? Y, ojo, no confundir con la rosca de Pascua. Y es que, aunque ambos son iguales, en el fondo no se parecen en nada. Empezando por la fecha. La costumbre de celebrar con este bollo con forma toroide durante la Epifanía, cuando los tres Reyes Magos de Oriente llegaron a Belén para darle sus tres presentes -oro, incienso y mirra- a Jesús, aparece en el siglo XI aunque en España parece que hay que esperar, al menos, trescientos años para que esta tradición llegue. La celebración, conocida como «el rey del haba», consistía en elegir a un niño entre los más pobres de la localidad para coronarle como rey y agasajarle con regalos, ropa y comida. Esta conmemoración popular tenía su espejo a nivel familiar ya que en casa se hacía el roscón donde introducían una judía y al que le tocaba el trozo con ella, se le coronaba como rey y era el encargado de presidir la mesa. Sin embargo, esta celebración podría tener un origen pagano, que poco tiene que ver con la llegada de los Reyes Magos.

Según cuenta la tradición, la aparición de este festejo podría estar relacionado directamente con las Saturnales, la fiesta romana dedicada al dios Saturno en la que se loaba que los días empezaban a ser más largos que empezaban a ser habituales tras el solsticio de invierno, es decir, la finalización del periodo más oscuro del año y el inicio de la luz. Como en su evolución cristiana, los romanos, que alargaban este periodo casi hasta finales de febrero, también introducían en unas tortas redondas de higos, dátiles o miel un haba que repartían entre plebeyos y esclavos, que durante estas jornadas estaban libres de cualquier trabajo y las podían pasar de una forma licenciosa. El afortunado que daba con ella era nombrado «rey de reyes» durante un corto periodo de tiempo establecido de antemano.

Aunque la haba o judía parece haber estado presente desde los orígenes del roscón no ha dejado de evolucionar, y de qué manera, a lo largo de los siglos. En la actualidad, el roscón puede esconder desde la propia haba, pasando por figuritas de la virgen, San José o algún rey mago, hasta dinero. Fue Felipe V quien importó desde Francia, dónde se inició para contentar a un pequeño Luis XV, la modalidad de introducir una moneda como premio y que se ha mantenido hasta la actualidad.

No solo ha cambiado la «sorpresa» en sí, sino también su significado. Aunque en muchos lugares se sigue «coronando» al que da con el regalo, en otros sitios se pueden introducir dos para que uno –habitualmente la haba- sea la señal de que debe ser el encargado de pagar el roscón, o el del año siguiente, y la otra para convertirse en rey.

El éxito del roscón de Reyes no solo reside en todo este ritual que lo envuelve. Este bollo elaborado con masa dulce aromatizado con agua de azahar suele ir adornado con rodajas de fruta cristalizada o confitada y relleno, desde el último tercio del siglo XX, de nata montada o crema. Aunque nos decantemos por uno ya elaborado -como los que se pueden encontrar en El Corte Inglés gracias a cinco obradores producen cada año entre 350.000 y 400.000 roscones de Reyes dónde trabajan más de 300 pasteleros logrando posicionarlos en más de una ocasión entre los de mejor calidad de la distribución española, situándolo a la altura de los dulces artesanos de pastelería y con un precio muy atractivo- no está de más conocer la receta de este postre tan típico de estas fechas. Por si un año no coge el toro y nos quedamos sin él. Y es que, como buena tradición extendida, los roscones en Reyes: vuelan. Y la rosca de Pascua no vale. Aunque sean iguales, la de Semana Santa no tiene «sorpresa»

Roscón de reyes

Tiempo: de 40 a 60 minutos.

Ingredientes: 450 gramos de harina de fuerza, 180 gramos de azúcar, 45 gramos de levadura fresca (de panadería), seis huevos, sal, licor de naranja, ralladura de naranja y de limón, y agua de azahar.

Elaboración: Poner en un cuenco amplio 450 gramos de harina de fuerza tamizada con 180 gramos de azúcar y 45 gramos de levadura fresca. Hacer un hueco en el centro. Añadir seis huevos, uno a uno, un pellizco de sal, cuatro cucharadas licor de naranja, la ralladura de una naranja y de un limón, y cuatro cucharadas de agua de azahar. Volver a amasar hasta formar una masa que se despegue de las paredes. Incorporar los 400 gramos de mantequilla en pomada y seguir amasando diez minutos más. Tapar con papel transparente y deja reposar para que aumente el volumen. Romper la masa con las manos y trabajarla unos minutos para que coja aire. Hacer una bola y dejarla en la nevera cuatro horas. Sacarla y darle forma de roscón. Ponerlo en la bandeja del horno engrasada, pintar con huevo batido, y dejar subir y pintar de nuevo. Colocar encima frutas escarchadas, azúcar en grano y almendras. Hornear a 175 grados durante 35 minutos. Sacar y dejar enfriar.