La Red salva a los clásicos

César Wonenburger REDACCIÓN

TENDENCIAS

Internet se ha convertido en un pujante mercado para la música culta Una grabación de Beethoven fue descargada por 1,4 millones de usuarios

30 mar 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

El pasado verano, la BBC, a través de Radio 3, su emisora dedicada a la música clásica, revolucionó el sector con una apuesta singular: durante el mes de junio, ofreció a todo el que lo desease la descarga gratuita, a través de su propia página web, de las nueve sinfonías de Beethoven. El resultado fue espectacular: en menos de dos semanas se realizaron 1,4 millones de descargas. Quienes hasta ese momento aún ponían en entredicho el futuro de la música clásica tuvieron que modificar sus argumentos: el interés, lejos de menguar, crece cada día; lo que ya no está tan claro es que la gente quiera seguir comprando cedés a los precios actuales del mercado, y mucho menos, cuando resulta cada vez más fácil y económico descargarse las obras de sus compositores favoritos directamente de la Red, pagando un precio menor que en las tiendas. Eso quienes no opten por la piratería. «Lo que hizo Radio 3 puede ser injusto [para las empresas discográficas], pero ha probado que realmente existe un mercado», declaró recientemente un ejecutivo del sello Chandos. Lo saben quienes ya se han lanzado a la aventura del negocio en línea, con éxito comprobado. En la actualidad, la venta de música clásica representa el 12% del negocio total de iTtunes, una empresa de descarga a través de la Red, perfectamente legal, que cobra por sus servicios. En las tiendas tradicionales, la música culta representa tan sólo entre el 3% y el 4% de las ventas globales. La crisis de los ochenta Hasta los años 80, el bum de la música clásica grabada no dejó de crecer. Entonces, las principales empresas aún se disputaban a los mejores artistas, directores de orquesta, cantantes o instrumentistas. Cualquier intérprete que comenzara a descollar -muchas veces gracias al impulso de las propias compañías, que apostaban por ésta o la otra nueva estrella-, recibía un contrato millonario que lo ligaba casi de por vida a ese sello. Los cedés de Pavarotti, Karajan o Domingo garantizaban beneficios millonarios. Tan sólo un decenio más tarde, el mercado comenzaría a dar señales de agotamiento. Los repertorios tradicionales se habían grabado ya demasiadas veces, una y otra vez, en todos los formatos disponibles, y la nueva integral beethoveniana, a cargo del joven director de turno, no podía competir con la reedición, en cedé, del registro de esas mismas obras a cargo de Wilhelm Furtwängler, con la Filarmónica de Berlín, a precio seguramente menor. Agotado el filón, el mercado se fragmentó. Aparecieron un montón de nuevas compañías que, como Naxos, ofrecían un producto bueno y barato, centrando sus esfuerzos en los repertorios menos trillados. Otras apelaron al argumento historicista: las mismas nueve sinfonías, sí, pero interpretadas con instrumentos originales. Mientras, los grandes sellos se pasaron al crossover : sus cantantes de toda la vida también podían interpretar los éxitos de Lennon y McCartney y sus pianistas tocar tangos de Gardel o Piazzolla. La excepción Callas Con el otrora gran negocio en caída libre -6% menos de ventas, sólo en el 2005-, las discográficas aún buscan hoy alternativas para seguir resistiendo más allá de milagros como el de Maria Callas, que ha mantenido en pie, ella sola, a un sello de los más importantes con sus reediciones anuales: «¡Callas vive!, ¡Vuelve Callas!, ¡Callas resucita!...». La última apuesta es la Red. Warner ya ha anunciado que este año pondrá en marcha su propio sitio en Internet, con una oferta inicial de 300 álbumes. Ahora, además, las empresas tradicionales lo tendrán aún más difícil. Junto al empuje de nuevos competidores como iTunes o la piratería, algunas orquestas empiezan a ofrecer a través de sus webs, de forma gratuita en muchos casos, sus propios conciertos. Precisamente en España, una de las pioneras está siendo la Sinfónica de Galicia, que permite bajarse de su página sinfonías de Brahms y Chaikovski, sin coste alguno para el usuario. El año pasado, la Philarmonia, una orquesta británica, se sirvió de la Red para ofrecer en directo uno de sus conciertos, que logró una audiencia masiva de 600.000 personas. Las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen son múltiples y variadas, pero lo mejor es que permiten comprobar que la música no ha muerto. Sólo es cuestión de saber renovarse.