Buenos Aires reinventa el Soho

Arturo Lezcano ENVIADO ESPECIAL | BUENOS AIRES

TENDENCIAS

El tradicional barrio de Palermo cambia hasta de nombre para presumir de modernidad El universo de Cortázar y Borges es ahora el de las tiendas de tendencias y los actores de moda.

27 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Portobello, Brick Lane o Brixton en Londres; Friedrichshain o Pretzlauer Berg en Berlín; el Raval en Barcelona; Chueca en Madrid... Los barrios más modernos del mundo se pusieron de moda tras asumir un cambio impuesto por lo que marcaban las tendencias. En algunas ocasiones, a esos espacios de vida se les modifica hasta el nombre para revestirlos de modernidad. Le ha sucedido a Palermo, en Buenos Aires. Conocido desde siempre como el barrio tradicional y elegante del norte porteño, el de los bosques, el jardín botánico y las embajadas, el universo preferido de Cortázar y Borges, Palermo es ahora el de las tiendas de moda y los bares creativos, el de las productoras de televisión, el refugio de los famosos. En una esquina ves a Ricardo Darín; en una terraza cercana, a Leonardo Sbaraglia, y por allá a célebres modelos, conductores de televisión y cantantes. Es otro barrio. En realidad son muchos barrios, con sus nuevos apellidos. Antes había un Palermo Viejo y un Palermo Chico. Ahora hay un Palermo Soho, un Palermo Hollywood, y hasta un Palermo Sensible y un Palermo Queens. Son sólo sobrenombres que funcionan como etiquetas arbitrarias, pero en los dos primeros casos han tenido tanta aceptación que han creado moda en Latinoamérica. Ochenta cuadras en ebullición El centro caliente del barrio es Palermo Soho. Son 80 cuadras las que delinea sobre el escaqueado mapa porteño. Ahí se aprecia como en ningún otro lado la velocidad del cambio. Hace nueve años se multiplicaban los terrenos baldíos. Hoy afloran las grúas, se construye a marchas forzadas y en cada calle hay puñados de negocios por abrir. Es curiosa la historia del alumbramiento de Palermo Soho. En 1997 un bajo vacío en la esquina de las calles Borges y Guatemala llamó la atención de Matt Musial, un joven estadounidense. En ese local, se atrevió a abrir un bar estilo diner, al que llamó Mundo Bizarro. En pleno menemismo, mandaba como paradigma de lo chic un barrio cercano a Palermo, Las Cañitas, al que alguien le quiso ver parecido con el Soho neoyorquino. Un periodista le preguntó a Musial qué le parecía el símil y él contestó: «Es mentira, si algo se parece al Soho es Palermo, porque empiezan a trasladarse diseñadores a vivir en lofts y a abrirse bares como éste». Nueve años después, Mundo Bizarro es un clásico y Palermo es el Soho. El bar ya no está a cargo de Musial, sino de Piñata, porteño de toda la vida que ha vivido de cerca el cambio de Palermo: «Cuando abrió el bar no había casi nada. Y ahora, a un lado y otro ves nuevos negocios. La diferencia es que se ha pasado de los diseñadores independientes a las grandes cadenas. A nosotros nos gustaría que estuviera menos mercantilizado, pero también es bueno para el comercio». En el lustro anterior al corralito, en el 2001, se abrió la veda con la llegada de jóvenes emprendedores y diseñadores. Con ellos nació el Festival Buen Día, un evento anual que celebra la llegada del verano y en el que se presentan las nuevas tendencias under de la música, el diseño y la moda. A algunos les parece casi increíble que haya sobrevivido a la vorágine. Y es gratuito, especie en extinción. Un estudio del Gobierno porteño constataba hace unos días lo que se ve a simple vista: en Palermo hay cada vez menos casas tradicionales y más negocios. En las quince cuadras (1.500 metros) de la calle Honduras hay 130 locales abiertos. Otro tanto le pasa a Armenia, El Salvador, Gurruchaga o al epicentro del barrio, la rebautizada plaza Cortázar, para todos plaza Serrano. En total, en 178 manzanas hay 1.800 tiendas y bares, muchos con alquileres prohibitivos para el país. Hay tiendas que venden sólo ropa para lluvia, talleres de artes y oficios, antigüedades, boutiques ultramodernas, librerías de viejo, mueblerías extremas y hasta una tienda de «zapatos de princesa».