Otra vez esta columna


Una pequeña fisura, casi invisible, en la voz de quien al otro lado del teléfono cuenta cómo los muros son incapaces de contener otra embestida. Un temblor de manos difícil de percibir de quien a través de la pantalla intenta explicar que precisamente todo esto solo se sostiene repartiendo el peso entre todas nuestras manos. Si el miedo pudiese sentirse a través de un mensaje de texto, sería en esos que han empezado a inundar el teléfono preguntando si al final sí que se ha descontrolado todo esto. Que con las doce campanadas el contador vuelva a subir, día tras día. Tener que volver a escribir sobre personas que ya no volverán jamás. Y pensar cómo es posible que en esta generación el individualismo atroz haya arraigado tan adentro que escale hasta titular la frase de una cría de botellón escupiéndonos a todos que a ella los muertos le dan igual. Y ahora, otra vez. No me puedo creer que tenga que escribir de nuevo esta maldita columna. Un conspiranoico con redes sociales animando a la gente a manifestarse contra la única opción que tenemos para evitar el desastre. Un cantante -ya saben, en ese sentido del término- que se permite babear irresponsabilidades como que hay que rebelarse contra el uso de las mascarillas. Bosé, no me puedo creer que tenga que escribir otra vez esta columna.

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