Escuela de corte y confección


Con el tiempo el oído se ha ido acostumbrando a uno de los aspectos que más sorprendían al espectador en los albores del primer MasterChef: la obediencia marcial de los aspirantes ante los jueces al grito de «¡Sí, chef!». En Maestros de la costura, mismo programa, distinto gremio, a los aprendices les falta ese mantra de sometimiento a la autoridad del jurado, pero para eso está Lorenzo Caprile, para intimidar al personal y poner a cada uno en su sitio. El modista, que en tiempos de miembras y portavozas rechaza ser modisto y reivindica el género común como señal de distinción, es la gran estrella del nuevo concurso de talentos de La 1. «A mí no me contestes, que puedo ser tu padre o tu abuelo», «igual soy muy clasicorro y muy del barrio de Salamanca, pero he visto mucha moda», le espetó a un concursante que se le quiere subir a las barbas y con quien a las primeras de cambio entabló un enfrentamiento de esos que prometen animar el recorrido en las próximas entregas. Con ingredientes como ese, el concurso intentará vencer la resistencia inicial del espectador más habituado a las esferificaciones que a las entretelas del sector textil, con los puzzles del patronaje, el vocabulario enigmático y su dosis de postureo. Aquí el emplatado consiste en vestir con gracia a un maniquí. Viendo sus tutoriales, confeccionar un Pertegaz en casa parece coser y cantar.

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