Es el éxito personificado. Su opinión es la única que cuenta. Siempre acierta. Tiene la combinación exacta de ambición. inteligencia, intuición y experiencia. Su carrera profesional lo es todo. A veces la tensión le puede. Y exige demasiado a sus empleados. Le cuesta confiar en la gente. Y pide la misma dedicación a todos. Podría estar al frente de una gran compañía financiera. Dirigir una multinacional o un gran banco de inversiones. Triunfar. A lo grande. Que todos aspiren a lo que tiene, lo que es. Lo que sabe. Pero se llama Miranda. Y dirige una revista de moda. Su intolerancia al fracaso y a la mediocridad será un signo de fortaleza si ella fuese él. Si su nombre fuese Tom, o Robert, nadie cuestionaría su nivel de exigencia a sus empleados ni su ambición desmedida. Pero se llama Miranda. Dirige una revista de moda. Y solo por eso es el diablo. Y El diablo viste de Prada.