Solo un capítulo más

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

Dormir es de cobardes. El mantra de los seguidores noctámbulos de las retransmisiones de la NBA se ha convertido en el modo de vida del consumidor compulsivo de series, aquel que, con la excusa de «solo un capítulo más», va enlazando episodios y digiriendo temporadas como películas de 800 minutos. En un discurso pronunciado con la pasión oratoria de Frank Underwood, el actor Kevin Spacey aseguraba hace unos años que la gente lo para por la calle para darle las gracias por haber absorbido tres días de su vida con House of Cards.

Glosaba Spacey las virtudes de Netflix, mecenas de su serie, y su habilidad para darle al espectador el poder de ver lo que quiera donde, cuando y como prefiera. Por haber sabido difundir al mismo tiempo todos los capítulos de una temporada, con una calidad técnica que permite una reproducción sin interrupciones y distanciándose de los demás con títulos propios. Netflix no es el único videoclub en línea que existe en España, ni siquiera ofrece, por ahora, el catálogo más completo, pero se ha convertido en un símbolo mundial de la televisión del futuro. Para las nuevas generaciones, el goteo semanal de capítulos a una hora concreta será algo tan antiguo como la programación en blanco y negro.