Carlos, un digno sucesor

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

23 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Las comparaciones son odiosas, pero sobre Carlos, rey emperador cuelgan varios sambenitos difíciles de soslayar. Uno es el peso de la herencia recibida por esta nueva ficción histórica de TVE, un factor ventajoso porque la expectación del público incondicional de la serie de su abuela abona el terreno al nieto al que tres millones de espectadores vieron nacer en una letrina de Flandes. Carlos no hereda de Isabel tanto la agilidad de la historia ni la vibrante relación que idearon los guionistas para sus católicas majestades como su encomiable vocación didáctica y divulgativa.

Los guiones de Carlos pueden resultar por momentos menos atractivos y obligan al espectador a estar alerta a cada línea de diálogo para no perderse en el enjambre de personajes de las cortes europeas. Una audiencia a la baja es la señal de aviso.

Pero es cierto que los productores, que ya tienen la maquinaria bien engrasada después de tres temporadas isabelinas, han convertido a Carlos en un digno sucesor compensando su historia con tramas paralelas, como la de un Hernán Cortés que urde su letal asalto al imperio azteca.

El otro estigma que arrastra la serie es esa irracional tendencia actual a equiparar cualquier fabulación donde haya reyes, insidias y luchas de poder con Juego de tronos, con la que cualquier parecido es mera coincidencia.