La muerte no será televisada

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

TELEVISIÓN

22 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Nacíamos solos. Moríamos solos. Hasta que irrumpió el siglo XXI. El objetivo se volvió insaciable. Más audiencia. Más imágenes. Y la televisión parió la telerrealidad. No era suficiente. No era suficiente que las cámaras entrasen en las casas. En la escuela. En el trabajo. En el cuarto de baño si hacía falta. La audiencia quería más. Necesitaba más. Y el objetivo empezó a grabar lo que ocurría en los hospitales. Empezamos a nacer acompañados. Acompañados del piloto rojo del REC. Un bebé por minuto. Baby boom. Embarazada a los 16. En nuestras pantallas, decenas de mujeres rompían aguas, dilataban, sufrían dolores y empujaban hasta traer a su hijo al mundo. Parir, nacer, había dejado de ser un acto íntimo. Había dejado de ser humano. Pero nosotros, los espectadores, borrachos de emociones catódicas, adictos a vivir las vidas de otros, exigíamos más. Así que se cruzó la última frontera. Y empezamos a morir acompañados. Acompañados del piloto rojo del REC. La mujer de Mark Chanko lo vio morir en el hospital. Junto a ella, sin saberlo, decenas de miles de espectadores. Y luchó. Para devolver la muerte a su lugar. A la intimidad. A la soledad. A la humanidad. Más de 200 hospitales neoyorquinos han prohibido grabar realities. Allí podemos nacer solos. Morir solos. Y volver a ser humanos. Sin audiencia. Ni espectáculo.