Culebrones

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

19 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Más dura puede ser la caída para Juego de tronos si sus triunfales veinticuatro nominaciones a los Emmy quedan reducidas a un puñado de premios. Sería otro argumento más para los detractores que la desprecian con el peor adjetivo atribuible a una serie: culebrón. Con sangre y dragones, pero culebrón, critican quienes han entrado con mal pie en Poniente. Algo que, de ser cierto, demostraría que en todo hay matices y categorías. Al fin y al cabo, la querencia por los dramones no parece algo inventado por las cadenas venezolanas, sino una impronta de nuestro ADN.

No hay más que ver el modo en que una nueva generación, criada entre Pocoyó y Peppa Pig, acaba de engancharse con adicción a un novelón como Heidi, después de comprobar cómo la proverbial intervención de la célebre huerfanita y el aire puro de las montañas son más poderosos que la ciencia médica a la hora de lograr que Clara vuelva a caminar. Heidi ha cambiado. Sus historias son más actuales, los barridos en 3D sustituyen a los ingrávidos brincos sobre las nubes, pero su esencia melodramática se mantiene imbatible. Solo la desaparición del añorado Abuelito dime tú traiciona a la nostalgia, pero, bien mirado, tiene su lado positivo: los niños de hoy pueden tararear la canción con voz melodiosa, sin los agudos gorgoritos tiroleses que destrozaron oídos y cuerdas vocales.