Perdonen la herejía, pero ayer, durante la transición del extinto 2014 al flamante 2015, pareció quedar demostrada la relatividad del tiempo o, al menos, la artificialidad de nuestros imperfectos y sacralizados calendarios romanos: como es tradición, Vilagarcía comió las uvas cuando los australianos celebraban desde las playas el final del año, doce horas antes de las campanadas que, salvo buena parte de Andalucía, vio puntualmente y con transparencias (las frías coloradas y recatadas de Anne Igartiburu y las infinitas y explícitas de Cristina Pedroche) casi toda España.
Esta excepción no se debió a que hayan adoptado otro huso horario para la comunidad, sino a un error mayúsculo de Canal Sur, que interrumpió el ritual de las doce uvas con publicidad y solo retomó la emisión cuando ya era demasiado tarde, cuando chocaban las copas para agasajar al 2015.
A los andaluces les habría venido bien que Netflix ya operara en España. Este prestigioso servicio de televisión por Internet preparó ayer una cuenta atrás (las campanadas americanas) lista para ser visionada bajo demanda, a cualquier hora, antes o después de medianoche. Es una solución perfecta para engañar a los niños, para consolar a los despistados y para respetar los biorritmos de aquellos que, en un país de trasnochadores, se acuestan a la muy poco televisiva hora de las gallinas.