El Delorean en la sobremesa

Javier Becerra
Javier Becerra RETROALIMENTACIÓN

TELEVISIÓN

Aunque se posea la trilogía en deuvedé, Regreso al futuro funciona en todo su esplendor tropezándose con ella en televisión. Fin de semana, después de comer. Esa es la hora perfecta. Cuando empieza la modorra entre quienes fueron niños en los ochenta, nada mejor que encontrársela haciendo zapping. No falla. Tanto da que se haya visto cinco, diez o veinte veces. En cuando Marty McFly aparece en la pantalla, cuesta lo suyo seguir saltando canales. En Cuatro lo saben y periódicamente ofrecen ese caramelo a su audiencia: volver a sentir la sensación de aventura, dosificando sus partes, una por semana. El pasado sábado le tocó el turno a la tercera, la más floja de todas, pero, aún así, divertida. La secuencia no sirvió solo para comprobar la genialidad de la saga, contrastar si el futuro imaginado para 2015 tiene algo que ver con el actual o valorar la frescura del filme. No, sobre todo logró despertar esa emoción seguramente adormecida de vibrar con Marty, Doc y su Delorean. Quizá al espectador le vendría bien que alguien le hiciera un vídeo de su rostro ante ella, con la fastuosa banda sonora de Alan Silvestri y esa sonrisa del niño que aún no sabe lo que es el cinismo o la impostura. Quizá ahí encontrase la respuesta a por qué se siente tan bien siempre después de verla. Hasta la próxima vez que se tropiece con ella. Zapeando, por supuesto.