Pocas veces un serial acumuló tal cantidad de tópicos como Sin tetas no hay paraíso, aunque a los cuatro millones de media que la seguían cada semana, nada les importó. Los guionistas se limitaron a servir una especie de cóctel en el que metieron de todo, en un formato más próximo al culebrón que al serial convencional de prime time.
Sin unidad de estilo, con una cámara ahora convulsa, ahora relamida, más tarde pastelera, después angulada, en fin, que visto lo visto, a la audiencia las cuestiones de forma le importan un comino. La disculpa fácil son los medios limitados, que solo hay una HBO (facturan la mejor ficción de la actualidad), además es norteamericana y encima trabaja en dólares. Así están las cosas.
En el adiós a su segunda temporada, Telecinco, con encomiable habilidad, montó un circo en torno a si palmaba el Duque o si sobrevivía para una futura temporada. Cuentan que Miguel Ángel Silvestre, el Duque, azote de féminas gracias a su guapura de narco arrepentido, tiene chollo hasta el gorro y por esa razón se hace muy complicado mantenerle en la serie. Pues qué quieren que les diga. El chico pone voluntad, sus trazos agradables, pero hay una realidad testaruda, como actor nunca será primo tercero de Pacino a no ser que emplee su pasta en matricularse en el Actor?s Studio o academia así por un largo período de tiempo. Ojalá.
Y hablando de tópicos, tuvieron la poca originalidad de titular el episodio como Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto, masculinizando el homónimo de un notable filme de Díaz Yanes. Una vez más, asomaron a montones, incluyendo un balazo al Duque que parecía mortal para resultar un tirito en un hombro solucionado de manera rocambolesca y curado que ni peregrinando a Lourdes. Como rocambolesco fue el resto: narcos y policías en su búsqueda, con Duque y Catalina reconvertidos a peculiares Bonnie & Clyde, sobadas escenas de catre incluidas y un tiroteo de mil pares hacia el final, con varios sicarios por medio. Uno de ellos será quien finalmente se lo cargue en un lugar tan poco glamuroso como una cabina telefónica. Antes confesará a Catalina que fue "lo mejor que le pasó en vida". De propina, ya con ella en el trullo, añadieron un "continuará"?