El culebrón, de nuevo el dueño de las sobremesas

Mercedes Rodríguez

TELEVISIÓN

Telecinco ofrece «Yo soy Bea»; La Primera, «Amar en tiempos revueltos»; y Antena 3 estrena dos telenovelas

30 mar 2008 . Actualizado a las 03:00 h.

Las telenovelas son un género eterno que superan modas televisivas y se adaptan a los nuevos tiempos. La Primera mantiene su vigor en la sobremesa con la veterana producción española Amar en tiempos revueltos y el refuerzo latino de Marina, título que ya supera en audiencia al primero. Telecinco vive el último ciclo de Yo soy Bea y está en proceso de revisar esta franja, tras la caída de Aquí no hay tomate. Y Antena 3 se apunta al culebrón desde el pasado martes, para revitalizar unas tardes en las que el elemento rosa de A tres bandas sucumbió ante la competencia, con dos títulos: Las tontas no van al cielo y Pura sangre.

La primera producción, de Televisiva, pertenece a esta nueva generación de telenovelas fabricadas con los mismos mimbres que las tradicionales, pero más ambiciosas en su presupuesto. Tal fue el caso de la colombiana Sin tetas no hay paraíso, adaptada con éxito por Telecinco. Las tontas no van al cielo intenta utilizar un lenguaje más moderno y combina la comedia con ciertas dosis de suspense. Amores, odios, pasiones y venganzas siguen siendo el sustento elemental de todo culebrón que se precie y no faltará tampoco en el argumento de la nueva serie mexicana. Otra de sus características es el cuidado escenario, con localizaciones exteriores en la Guadalajara mexicana. La serie se estrena casi al mismo tiempo que en México, donde se ha situado en dos semanas como el espacio más visto con 11,3 millones de espectadores.

A las 17 horas toma el relevo otro culebrón, este más genuino, Pura sangre, una producción colombiana, también de una factura superior a la media y con impecables localizaciones exteriores, en la Sabana de Bogotá. Intriga, romance, misterio, humor y mucha acción son los elementos que se cruzan en esta historia que relata el amor de Florencia Lagos (Marcela Gardeazabal), y Eduardo Montenegro (Rafael Novoa), cuyas infancias han transcurrido sin saber que sus vidas son el instrumento para saldar una vieja deuda de sangre.