LO DE colocar cámaras ocultas es un filón para televisiones y otros medios audiovisuales (las web). Sobre todo cuando se producen filtraciones interesadas con un plus de escándalo, como el vídeo en el que dos mossos agreden a una detenida rusa en la comisaría central de los Mossos d¿Esquadra y que conocimos con lujo de detalles. Llovía sobre mojado. Semanas atrás, otro vídeo mostraba a cuatro policías zurrando con alegría a un detenido. Al parecer, su difusión tenía intenciones ejemplarizantes. La Generalitat anuncia que colocará cámaras en las dependencias policiales para evitar falsas denuncias y los sindicatos dicen que OK, pero sin ocultarlas. Comienza a ser preocupante la proliferación de grabadoras camufladas, dicen que con intenciones disuasorias. En un híper, un párking, un edificio público, un casco histórico, un cajero¿ te retratan. Dicen que si vas de normal, para las cámaras serás un nadie. En realidad no. Recogen todos tus actos, incluso los más singulares sin nada de delictivos. Puede que te pique algo y te rasques, te hurgues la nariz, hagas el pino o saltes por gusto. Siempre habrá un listillo que intentará sacar rendimiento a esas imágenes porque hay una tele que las emitirá con gusto. Está en juego el derecho a la intimidad y a la libertad de hacer lo que a uno le plazca sin un Gran Hermano vigilante. Mal por los policías apaleadores y abusones, mal por la omnipresencia de cámaras sin la pertinente regulación y garantías.