El profesor Pancracio Celdrán reúne en el volumen «Hablar con corrección» un inventario de «normas, dudas y curiosidades de la lengua española»
03 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.De sus colaboraciones en la revista XL Semanal , que se distribuye cada domingo con La Voz de Galicia, y en el programa de Radio Nacional Hoy es un día cualquiera , ha extraído el profesor Pancracio Celdrán las «normas, dudas y curiosidades de la lengua española» que ahora reúne en el volumen Hablar con corrección . En el texto, Celdrán aclara el origen de algunos curiosos dichos populares, de los que ofrecemos aquí una selección. Más feo que Picio (de una fealdad proverbial) Cuentan que Picio, zapatero en el pueblo granadino de Alhendín en el siglo XVIII, fue condenado a muerte y, al recibir posteriormente la noticia del indulto se quedó tan impresionado que perdió todo el pelo del cuerpo y su cara sufrió una horrible deformación, de ahí su legendaria fealdad. En Andalucía redondean de esta guisa la expresión: «Más feo que Picio, a quien le dieron la extremaunción con caña», ya que el sacerdote, aterrorizado por su aspecto, no se atrevió a aproximarse al moribundo. Irse de picos pardos (irse de juerga) Apunta Celdrán en el libro que en su origen la frase significó «irse con una mujer de la vida, mujeres que por ley vestían un jubón ajustado que cubría de los hombros hasta la cintura, y sobre el que lucía toquilla o pañolón con picos pardos para distinguirse de la mujer honesta». Pelillos a la mar (reconciliarse) Homero ya cuenta en la Ilíada que cuando los griegos y troyanos se reunieron para sellar la paz, cortaron unos mechones de lana al cordero que iban a sacrificar y los arrojaron a orillas del mar. Hacer buenas migas (llevarse bien) Hace referencia a un plato típico de los pastores: migas de pan fritas con aceite y ajo. Los que degustaban este austero menú en armonía, hacían buenas migas. Perico el de los palotes (personaje proverbial no muy espabilado) Se llamaba así, ya en el siglo XVI, a un tipo no demasiado inteligente que tocaba el tambor para anunciar la llegada del pregonero. Su fama de bobo le viene de que, al final, el pregonero, más avispado, se quedaba con las propinas de los dos. Más chulo que un ocho (muy chulo) Tiene su origen esta expresión en el tranvía madrileño número 8, que enlazaba la Puerta del Sol y el barrio del Manzanares y que, los días de romería, iba atestado de los clásicos chulos madrileños (en la acepción que recoge el Diccionario: «Individuo de las clases populares de Madrid, que se distinguía por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse»). Vérsele a uno el plumero (notársele a uno la intención) El plumero de marras es el penacho de plumas que lucían en el tocado de su uniforme los miembros de la milicia nacional de principios del siglo XIX, defensores del liberalismo. Así que vérsele a alguien el plumero era constatar sus tendencias liberales. Acabar como el rosario de la aurora (lo que termina muy mal) El célebre rosario matutino remató a farolazos, de ahí la expresión. El altercado se produjo en el siglo XIX cuando se cruzaron al alba en las calles de Madrid las procesiones de Nuestra Señora de la Aurora y de la Virgen del Henar. Los fieles, que llevaban farolillos para alumbrarse, acabaron a sopapos y farolazos al no ponerse de acuerdo sobre quién tenía que ceder el paso. A buenas horas mangas verdes (cuando la solución llega demasiado tarde) Las mangas verdes a las que alude esta frase las lucían en su uniforme los cuadrilleros de la Santa Hermandad, una policía de la época que siempre llegaba al lugar del suceso cuando ya todo había concluido. A palo seco (con lo imprescindible, sin añadidos superfluos) Expresión marinera que se refiere a navegar sin desplegar las velas, con los mástiles o palos desnudos. Es lo contrario de navegar a todo trapo.