INTERFERENCIAS | O |
23 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.La tele de Nochebuena y Navidad reivindica la televisión enlatada. La antítesis del directo. Y así por los años de los años, amén. Normal, todo hijo de vecino (y los trabajadores de la tele lo son) reivindica su derecho a comerse el turrón con su tribu. Desde hace unas semanas, ya fue Navidad en todos los platós televisivos. Así lo veremos en Nochebuena. Haremos zapping y tendremos a Bisbal y a Bustamante y a Rosa y a casi todo el gremio de cantantes, por dos, tres e incluso cuatro cadenas diferentes. Descubriremos su admirable don de la ubicuidad. Asistiremos al milagro de ver a todas las cadenas enterrando el hacha de guerra (se llevan a matar, aunque aseguren lo contrario...) por única vez en el año para escuchar el Mensaje del Rey. Las películas serán empalagosamente sobonas, con Santa Claus metido en media docena de títulos fungibles. Los dibujos animados confirmarán su triste papel de niñeras catódicas con una indigesta sobresaturación. Y estará el Concierto de Navidad. También los informativos mantendrán perfil bajo para no agriarnos la cena de Nochebuena y la comida de Navidad. Veremos una vez más cómo se lo pasan en Moscú, en Toronto, en Buenos Aires y en Johannesburgo... El sentido común impondría estos dos días como los idóneos para celebrarlos sin tele. Simplemente echando el cierre. Cuando alguien propuso algo así, les salió el lado humanitario. Al parecer, la tele es la perfecta compañía para las almas solitarias. Muy bonito, sí, pero gustarían mejor de un menú original que empacharse de enlatados.