Explosión de visitantes en la gran madrugada del folk en Ortigueira

María Hermida
María Hermida ORTIGUEIRA

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El sábado fue el día grande del encuentro, con 24 horas de música y más de 100.000 personas El peculiar sonido del grupo Solas se convirtió en el momento musical más esperado

08 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Si hubiese que hacer una radiografía del festival celta que hoy toca su fin, las 24 horas del sábado serían las perfectas para conocer al milímetro su estado de salud. Y es que el día de ayer, donde la música sobre el escenario se alternó hora sí y hora también con un sinfín de, espontáneas o no, actuaciones callejeras, se confirmó como el gran día del certamen folk más potente de la península. A la sazón, el Concello de Ortigueira calcula que, al cierre de esta edición, y mientras de los trenes seguían bajando folkies, se superaba ya la barrera de los 100.000 visitantes. Si las cifras de afluencia suenan potentes, el mismo adjetivo sería válido para hablar de cómo fueron esas primeras horas del día grande. La acción comenzó nada más marcar el reloj las doce de la noche, con los músicos de Casa Limón ofreciendo variopintas melodías y provocando un canto colectivo con míticas piezas, como Eu chorar chorei, de Leilía. La noche de juerga no fue sólo noche, sino que incluyó un amanecer de despiporre, y por tanto, en la mañana de ayer la estampa se componía de cuerpos que se resistían aún a abandonar la calle, bares que servían desayunos por doquier y un campamento multitudinario en Morouzos que intentaba conciliar el sueño de cara a lo que se vivirá esta noche. Los que quisieron tirar de la manta lo tuvieron difícil, ya que la villa se convirtió ayer en un escenario con patas, los grupos noveles tomaron la alternativa en el certamen Runas y los bongós de Morouzos no dejaron de rugir. Ahí es nada. Al acercarse la noche, una alameda abarrotada esperaba para la hora feliz de la música: Xochilmica, Bagaz Beuzeg, Original Kokani Orquestar y Llan de Cubel y Solas (la esperada banda Solas) saldrían al escenario. Luego, basta con contar que Ortigueira será de nuevo ese lugar condenado al insomnio perenne.