David Rubín, Kiko Da Silva y Alberto Vázquez son tres jóvenes dibujantes que sobreviven a la precariedad del mundillo y gozan de reconocimiento exterior Los autores son una piña de colegas
19 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«Los tebeos que yo hago los hago por amor al arte. Aunque vas viendo algunas pelillas, no es algo con lo que pague el piso y las facturas. Para eso ya tengo otro curro». Suenan duras las palabras de David Rubín, teniendo en cuenta que es una de las puntas de lanza de la nueva ilustración gallega, y uno de los cinco autores revelación de España, según el prestigioso Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Suenan duras porque llevan a pensar que, si él está en esas circunstancias, las perspectivas para los realmente primerizos son las de un páramo desalentador. Pero la última generación (siendo tal más por coincidencia en el tiempo que por estética o temática) del cómic galaico tiene orgullo y se reivindica: «Hoy por hoy, Galicia es una de las canteras que más está dando que hablar de toda España», zanja Rubín. No le faltan argumentos. La factoría de autores gallegos se viene cociendo desde hace ya cierto tiempo, pero el punto de ebullición lo encontraron precisamente en Barcelona, el año pasado, cuando el premio a la mejor publicación del año se lo llevó BDbanda , un álbum íntegramente elaborado en gallego por creadores gallegos. Por primera vez, la distinción era para una obra en idioma diferente al español. Hoy, dibujantes como Kiko Da Silva, Víctor Rivas o Guitián publican sus historietas en la revista El Jueves , una de las publicaciones de referencia en el gremio. Rubín, como se ha dicho, fue candidato al premio de autor revelación del año. No lo consiguió, pero sí contribuyó a otro: el galardón del público al mejor fanzine, que fue para la revista Barsowia , editada por Polaquia, un colectivo formado principalmente por dibujantes de Vigo, A Coruña y Ourense. Talento visible En suma, la situación no es fácil, pero parece haber mimbres. Para Kiko Da Silva, todos estos premios suponen dar visibilidad a un talento existente. «No es ningún bum; lo que pasa es que hay reconocimiento exterior y parece que cuando dicen los de fuera que algo es bueno, de repente todos decimos: '¡Es verdad, era bueno!'». Ahora, pasados los tiempos gloriosos de Mortadelo y Filemón, la clave es recuperar la fidelidad a las viñetas de los lectores más jóvenes, según opina Da Silva: «Si no los formamos desde pequeños y no les acostumbramos a leer cómics de aquí, van a acabar leyendo sólo cómics japoneses y americanos, que es lo que les están dando».?Pero, para los jóvenes autores, la industria no da al llamado noveno arte todo el apoyo que debería, tal y como subraya David Rubín: «Somos el hermanito pequeño de las artes, porque nos tienen medio de lado¿ Y llama la atención, porque dices: ¿por qué tienen mejor a la poesía, si cualquier tebeo, el más cutre de todos, vende más que cualquier libro de poesía, especialmente en gallego?». Y eso que el panorama ha mejorado últimamente: «El Salón de A Coruña, el habernos organizado en grupos en vez de andar cada uno por su lado y el haber empezado a salir del cordón de grelos han ayudado mucho», apunta Da Silva. También los medios juegan su papel: «Antes en todas las revistas se utilizaba la ilustración, pero en los noventa llegó la fotografía y bajó todo. Y ahora está volviendo a resurgir el uso de la ilustración», refrenda Vázquez.