TVG estrenó el lunes un «late night» diferente al resto, orgulloso de sus raíces gallegas y con un monólogo final tronchante e identificador.
13 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.La televisión es un medio injusto, cruel e imprevisible, pero si se rigiese por normas más o menos lógicas, Somos unha potenzia podría convertirse en un programa antológico para Galicia. El lunes se estrenó a las once y media de la noche y, aunque con todos los inconvenientes de un programa que empieza, demostró una originalidad que muchos gallegos estábamos esperando de nuestra televisión. Lo presenta Carlos Blanco, un actor conocido, y lo que es más importante, querido. En los primeros compases se mostró precipitado y seguramente no se le sacó todo el jugo que se podía a la entrevista con Arsenio. Sin embargo, en la segunda parte del espacio Blanco se notaba infinitamente más cómodo. Estupendo en las improvisaciones, el actor resultó brillante en el monólogo final. Sólo por ese momento merece la pena esperar hasta la una de la madrugada. Fabuloso en la forma, el discurso resultó genial en el fondo: hablaba de que los gallegos somos una potencia, cuando menos, en hacer preguntas. No fue una copia de otros espacios de las cadenas estatales con un decorado inferior (que lo era, el decorado, digo) sino que ofrecía algo que ninguna otra televisión nos puede dar, una mirada gallega tan propia como acertada. También fue así de original la propuesta de llevar al plató a cuatro mujeres que representan lo más habitual de la demografía gallega. Según las estadísticas, el grupo poblacional más importante de la autonomía es una mujer de edad madura que vive en el entorno de una ciudad importante. Y Somos unha potenzia nos trajo a cuatro, una por provincia, que hablaron de las estadísticas, se lanzaron alguna que otra maldad y demostraron ser tan divertidas y ágiles como el tertuliano de más relumbrón. Ciertamente, viendo el espacio es fácil pensar que somos una potencia. Sólo falta que nos lo creamos.