Entrevista | Pedro Almodóvar En su última película, «Volver», Pedro Almodóvar regresa a sus raíces manchegas con un filme que tuvo su origen en el fallecimiento de su madre, Francisca Caballero
12 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.A Pedro Almodóvar lo ha cambiado el viaje sentimental y cinematográfico que ha hecho al lugar al que nació hace 56 años, La Mancha, que es mucho más que el paisaje de su nueva y esperada película, Volver . Mucho más tranquilo que cuando preparaba el estreno de su anterior filme, necesita ahora más que nunca que le digan que lo quieren, porque el regreso a su tierra lo ha hecho más vulnerable y cercano. «Esta película me ha ablandado mucho. Recuerdo frases y diálogos y me desmorono. Esto, por una parte, es bueno porque ha tenido un efecto terapéutico, pero por otro me preocupa porque he abierto el grifo y no sé si podré cerrarlo delante del público», confiesa el internacional manchego, que presentó su filme el viernes ante sus paisanos en Puertollano. -La solidaridad femenina es uno de los contenidos de «Volver». -Era consciente de que quería contar esto, pero la primera motivación para hacer la película fue retratar cómo en mi pueblo se vive con naturalidad la muerte, la falta de dramatismos que los manchegos tienen de la muerte. Ese culto natural a la muerte hace que los que se han ido estén muy presentes, pero no en sentido paranormal o terrorífico. -A usted la muerte le produce mucha angustia. -Tengo un grave problema que resolver. Intelectualmente no acepto la muerte, no entiendo que un ciclo se tenga que cerrar sin más. Y al no ser creyente no tengo dónde agarrarme y veo que es un tránsito a la nada. No hago películas para solucionar mis problemas, pero Volve r me ha servido para mirar a la muerte con menos miedo, sin que sea una tragedia. -Sus hermanas ya han visto la película. ¿Qué le han dicho? -Se han emocionado mucho. Me han dicho que todo es auténtico, tengo su visto bueno. -Su madre, Francisca Caballero, fue el origen de «Volver». -Volver a La Mancha es volver al seno materno. Ya me pasó con La flor de mi secreto , pero entonces mi madre vivía. Eligiendo las casas, que tienen esa luz tan densa y especial por los muros tan gruesos y las ventanas y las contraventanas, y los patios, me daba cuenta que mi madre me llevaba de la mano. Y también estaba conmigo sentada junto al combo, controlando. -¿Es «Volver» su trabajo más especial? -Es una película especialísima. Hace unos días hice un pase con amigos y vino Bibiana Fernández y Geraldine Chaplin, y las dos, con unas madres y culturas tan distantes, reaccionaron igual, a lágrima viva. -En «Volver», las actrices (Penélope Cruz, Carmen Maura, Lola Dueñas, Blanca Portillo, Yohana Cobo y Chus Lampreave) llenan la pantalla. -Chus es de la familia. Tenía ganas de volver a trabajar con Penélope y también recordarle a la gente cómo es. Aquí es una guapa popular, no de modelo, una heroína de esas películas italianas protagonizadas por las entonces jóvenes Sofía Loren, Claudia Cardinale, Anna Magnani... Su personaje, Raimunda, exige unas cualidades dramáticas y a la vez una ligereza. Es de la misma familia que el que hizo la Maura en ¿Qué he hecho yo para merecer esto ? -Ya, pero en guapa, porque menudos escotes luce. -Sí, me he ocupado de que Penélope saliera guapísima. Está soberbia en el papel de Raimunda, una madre coraje que tira p'alante con lo que sea, pero también es frágil. Es como las mujeres manchegas, una superviviente. Mi generación tuvo una posguerra durísima y esas mujeres se las apañaron para que, con muy pocas cosas, creciéramos sanos y estemos hoy aquí. -Carmen Maura ha dicho que, diecisiete años después, el entendimiento entre ustedes se mantiene. -Fue una alegría porque, desde el primer día, cogía al vuelo las indicaciones. Es una virtuosa de la técnica y no se le nota.