Esta debió ser la pregunta de cena y sofá más recurrente en la noche del martes, cuando Antena 3 estrenó un reality show a imagen y semejanza de ese otro que nos ha demostrado que la Igartiburu es más que un «hola corazones». Esta vez, era a Paula Vázquez a quien le tocaba danzar, con faldas y a lo loco, al son de los vips o, lo que es lo mismo, Varios Impresentables del Panorama Social. Personalmente, a mí la gallega me gusta más que la vasca, y no por ser de la tierra, que en la vida conviene dejar que la morriña se enfríe junto a los Actimel para reforzar las defensas, sino porque la presentadora tiene espontaneidad y salero, aunque alguno de sus fans estuviera toda la noche acordándose de la madre del estilista que tan generoso se estrenó en tela. Pero más allá de darle una alegría a la retina con los encantos de la Vázquez, el programa fue un cante. Sofía Mazagatos, con mojigato mohín perfeccionado en el Actor's Studio, atizó al gato de Roberto Carlos con su candelabro de gallos, tantos, que no me extraña que el animalillo estuviera triste y azul. Rojos, de vergüenza ajena, nos pusimos con los quiebros a la armonía de ese torero del colorín que ha dejado incluso en el umbral de lo audible el «toa, toa, toa» de Jesulín. Claro que, para los nostálgicos de la no dicción, la gala nos regaló la operación desafine -la única a la que hasta el momento no se había sometido- de la Jesulina, que se apuntó la primera victoria en este karaoke de estética cómic y cómica resolución en el que cantan los que no cantan. Vamos, un top de mantas para agravar la afonía de escaparate y promoción de los que sí son artistas.