Tras el oro del pirata John Silver

Natalia Bore LA VOZ | MADRID

TELEVISIÓN

Crónica

28 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?Yo no busco tesoros físicos, sino las historias que los envuelven, las que están alrededor de ellos», explicó Alex Capus, autor de La otra isl a, en la presentación de su libro, editado por Lumen, en Madrid. Este escritor normando, afincado en Suiza, sostiene en su última obra la teoría de que la isla del tesoro que inmortalizó Robert Louis Stevenson existe. «Por primera vez, y después de escribir siete libros, puedo afirmar que en esta novela todo es verdad, no hay ficción, no he inventado nada, sino que me he basado en indicios para reconstruir lo que llevó a un hombre burgués y enamorado de los placeres mundanos de París o Nueva York, como era Stevenson, a abandonarlo todo y fijar durante cinco años su residencia en Samoa», comentó Capus, para afirmar que «Stevenson mentía en las cartas que enviaba a sus amigos de Escocia cuando les decía que el clima le gustaba y que por eso se iba a instalar allí. El clima de Samoa es infernal y a Stevenson, aquejado de tuberculosis desde la infancia, le perjudicaba. Es evidente que tras todo ello hay una gran mentira». Y esa «gran mentira» es la que el escritor francés ha desentrañado en La otra isl a, localizando el hilo que une la parte ficticia de La isla del tesor o con la parte real, que no es otra que la isla del Coco, situada no lejos de Samoa y donde, al parecer estaba escondido el tesoro de la iglesia de Lima, que los españoles habían confiado en 1821 al capitán Thompson para que lo cargara en su nave Mary Dea r y lo salvaguardara de las tropas insurgente s. Desaparecido el tesoro, muchos lo buscaron sin éxito en la isla del Coco, próxima a Costa Rica, donde Thompson confesó haberlo escondido. Ahora Capus defiende que fue Stevenson quien localizó la isla del Coco acertada, la que custodiaba el botín, y cuyo emplazamiento no distaba mucho de Samoa: «Estoy seguro de que, al menos, él buscó los tesoros enterrados en esa isla. Si los encontró o no ya es otro asunto, aunque hay indicios importantes de que así fue, como la abundancia en la que vivió su numerosa familia durante décadas, sin necesidad de trabajar, tras la muerte de Stevenson». Capus subraya que lo que le apasiona, a la hora de escribir, son «las personas normales que hacen cosas extraordinarias. Desde mi punto de vista, Stevenson no fue un genio juvenil, sino una persona corriente. Pero me fascina que en su vida hizo cosas extraordinarias, tuvo una existencia romántica». Los derechos de la novela «aún» no han sido vendidos para llevarla a la gran pantalla, así que, por el momento, sólo hay un modo de rastrear el paradero real del oro del Long John Silver: siguiendo sus pasos -los de su creador, Robert Louis Stevenson- por las páginas de La otra isl a.