EN LA SOPA el embarazo de Doña Letizia. Desde el mediodía del domingo, la tele no habla de otra cosa. Sobre todo cierta tele, la de los corrillos que igual hablan del último ¿disco? de la ¿cantante? Yurena (antes Tamara¿) o del pringao de turno aireando sus miserias para cobrarse unos euros. Montaron tertulias y largaron para dar y tomar. Monárquicos o monarquistas, expertos en la Corona de aquí y en las Coronas de por ahí, entendidos en chascarrillos y diretes de vecindario, se pusieron serios para vaticinar si el embarazo culminará en un bebé o serán gemelos. Si le llamarán así o asá. Si se parecerá al padre, a la madre o a los abuelos... Los informativos contribuyeron al sarao, sacando a los Príncipes en su primer viaje oficial a Mallorca, seleccionando las imágenes más simpáticas, e incluso rescatando el compromiso de ZP de introducir cambios en la legislación que no excluyan a una mujer para el trono de España. Vale. Pero los del corazón insistieron. Como los futuros padres tienen familia y los Reyes no largan cada dos por tres, la tomaron con la parentela de Doña Letizia persiguiéndoles por donde fuera posible. El abuelo materno se mostró dicharachero, su madre fue escueta, pero su padre, ¡ay su padre!, les mandó a tomar viento fresco negándose a abrir la boca. Le llamaron de todo menos bonito. Alucinante. País de Mr. Marshall¿