A sus 82 años, el artista catalán conserva intacto el espíritu creativo y no ha parado de pintar. «Si no pensase en que sirvo para algo, lo dejaría», afirma.
30 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La exposición con la que Caixa Galicia acaba de inaugurar su sede en Ferrol acerca al público gallego una faceta de Antoni Tàpies (Barcelona, 1923) menos conocida que la de su pintura: la de ceramista. Aunque su carrera comienza en la década de los 40, no será hasta 1981 cuando explore con decisión este nuevo lenguaje. -¿Por qué ese interés tan tardío por la cerámica, cuando en su obra ya se encontraba la preocupación por lo tridimensional y la materia? -No sé, seguramente al principio me pareció que las cerámicas seguían un poco la trayectoria normal mía y me había imaginado que tenía que hacer una cosa totalmente diferente. Pero el que me animó a hacer cerámicas e ir a un taller en el que él trabajaba fue Eduardo Chillida: «He descubierto un taller en Francia donde hay un taller que lo hace muy bien y que a tí te gustaría mucho. Usa un tipo de materia que se parece bastante a lo que tú haces». «Si se parece entonces no haremos nada», dije. Pero al final me decidí a ir y realmente vi que se podía sacar partido de esto y que no era un problema. En cerámica hago piezas más tridimensionales, más cercanas a la escultura. Y como no creo en divisiones académicas... Yo hago cuadros, ahora y antes, que parecen esculturas y hago esculturas que parecen cuadros. No hago mucha distinción. -Fue entonces el hallazgo de otra técnica lo que abrió otro camino. -Sí, pero en realidad no fue un cambio muy grande. También era trabajar con materia. Yo no hago barreras, trabajo con el mismo espíritu cuando hago esculturas o, no sé si se le pueden llamar así, cuadros. A veces dudo de si se me puede llamar pintor. Tengo diferentes técnicas y soy habilidoso con los dedos (ríe), pero sin distinciones académicas. -Usted ha buscado, por encima de disciplinas, el objeto como arte. -Exacto. Esto no quiere decir que no haya pasado temporadas en las que me haya gustado variar y probar cosas. Hubo una temporada larga que duró dos o tres años, pero siempre quise hacer lo contrario de las materias, el grosor mínimo del material que son los barnices: una serie de barnices casi transparentes, pero para mí también era una forma de materia: lo que los físicos llaman materia es muy variable, tiene muchos aspectos. -Son objetos, además, con una gran carga de memoria, que revelan su propia historia. -Los objetos ayudan, cada uno tiene su expresividad, su historia. A veces los utilizo para dar una señal de alguna cosa. Procuro siempre huir de aspectos excesivamente literarios, pero sin fronteras. Así voy trabajando, sin reflexionar demasiado. Soy muy intuitivo cuando trabajo, he escrito bastante, tengo textos sobre la historia del arte, pero al entrar en el estudio no me acuerdo de nada y sólo veo los problemas que tengo que solucionar: a ver esto cómo se aguantará, cómo lo pondré... -Se han asociado las cerámicas con la estética de la ruina, algo llamativo porque a veces se percibe el arte contemporáneo como un adelanto del futuro. -Sí, es que quizá se ha abusado un poco de esta cosa del último grito y se han despreciado cosas del pasado que son cosas de siempre, hay valores que perduran. No hay nada que sea absolutamente permanente, todo cambia, ya lo sabes. Pero a veces hay que señalar algún valor de otra época, con sus muchas cargas de momentos históricos que también es interesante recordar. Como ejemplo te podría poner cosas que he hecho con alusiones a Cataluña. Creo que su historia es bastante modélica. Es el país de Europa que se adelantó más al tipo de sistema democrático: aquí tenemos la primera constitución de derecho público, por escrito. La primera de Europa. -Sí, porque la inglesa era oral. -Sí. Así que estoy muy orgulloso. Aludo a ello en algún cuadro, y no solamente esto. También aludo a las cuatro barras catalanas, porque creo que es interesante que la gente conozca la historia de Cataluña. -¿Y cuál es el papel del artista dentro de un arte comprometido? -Creo que tiene un papel de difusión de determinadas costumbres, cultura, maneras de pensar que pueden ser interesantes. Hay que encontrar los medio hábiles, captar un poco la atención del espectador y llevarle... que en realidad es una cosa modesta, porque no inventamos grandes cosas los artistas. En esto siempre he pensado que cumplimos un cierto servicio, los artistas. Si no fuera porque pienso que sirvo para algo, dejaría de trabajar, seguramente. A mis ochenta y pico de años tengo todavía esta ilusión de que para algo sirve.